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Un centenar de palestinos, heridos en Hebrón en el segundo día de choques con tropas israelíes

Tropas israelíes hirieron ayer por lo menos a un centenar de palestinos en una nueva jornada de violencia en Cisjordania, que disipó esperanzas de una tregua inmediata en la guerra de Jerusalén e intensificó las presiones para que el presidente palestino, Yasir Arafat, frene y castigue a Hamás tras el atentado suicida del viernes en Tel Aviv. Las autoridades israelíes confirmaron además las sospechas del país cuando anunciaron que la pequeña herida en el café perdió a su madre en la explosión. La tensión se extendió al vecino Líbano, donde otra bomba mató a un miliciano pro israelí.

Tres de los heridos en los enfrentamientos en Hebrón están en estado grave, según fuentes médicas de esa ciudad, donde soldados israelíes lanzaron gases, dispararon balas de caucho y abrieron fuego con fusiles automáticos contra más de un millar de manifestantes. En el segundo día consecutivo de enfrentamientos los palestinos se lanzaron a, las calles coreando el nombre de Mousa Abdel-Qader Ghneimat, el kamikaze palestino que mató a tres israelíes en el ataque contra un céntrico café de Tel Aviv.Brigadas de policías palestinos desplazados a Hebrón reforzaban anoche sus posiciones de contención para tratar de impedir hoy una repetición de los enfrentamientos, los más serios en meses."Lo importante ahora es calmar a la población e impedir que se produzca un baño de sangre", declaró visiblemente preocupado un coronel palestino. Pero el general Yibril Rayub, jefe de los servicios de seguridad preventiva en las áreas palestinas de Cisjordania, que visitó Hebrón en medio de los combates callejeros, añadió leña al fuego denunciando "las políticas locas" del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, como detonante del conflicto. "Si persiste esta situación nos veremos atrapados en una guerra de verdad y los israelíes serán responsables de lo que ocurra", declaró.

El Gabinete israelí se reunió anoche en una sesión de emergencia para estudiar una respuesta al desafío de "la segunda intifada". Oficialmente, Nefanyahu se ha declarado partidario de mantener la línea dura, algo que analistas políticos advierten que puede precipitar la caída de su coalición derechista al mando del Likud y facilitar el advenimiento de un Gobierno de unidad nacional con los laboristas, los arquitectos de los acuerdos de Oslo y hoy en la oposición. Semejante perspectiva es vista en algunos círculos próximos al Gobierno como un posible: vehículo para escapar del grave conflicto con los palestinos.

Los esfuerzos de Arafat para tratar de impedir que la crisis desatada por la internacionalmente condenada decisión israelí de construir un barrio judío en territorio árabe al sur de Jerusalén se mueven básicamente en tres planos. Según fuentes próximas al Gobierno de Gaza, el líder palestino está dispuesto a mantener los contactos de emergencia con el comité de seguridad de Israel. Por otro lado, ha lanzado un sonoro mensaje a Hamás al ordenar la detención de al menos 14 militantes, incluyendo Ibrahim Makadmeh, el dirigente islámico radical recientemente liberado y que celebró públicamente el ataque de Tel Aviv jurando que las bombas son el único recurso contra Israel. Finalmente, Arafat parece confiado en que hoy más que nunca es necesario ampliar el marco diplomático para comprometer más activamente a Europa en la búsqueda de una fórmula capaz de salvar el moribundo proceso de paz.

Prueba de ese interés fue la larga reunión que el presidente palestino tuvo en la madrugada de ayer con el enviado especial de la Unión Europea (UE) en Oriente Próximo, el diplomático español Miguel Angel Moratinos. "Estoy tratando de reanudar el diálogo entre las dos partes. La situación obviamente no es buena", declaró a EL PAÍS Moratinos, el único diplomático que pudo entrar en Gaza después del hermético cierre de los territorios palestinos que Israel impuso tras el atentado. "Encontré a Arafat muy preocupado, pero decidido a continuar con el proceso de paz y a cooperar con los israelíes", agregó.

Entretanto, fuentes palestinas dijeron que el Ejército israelí impuso el toque de queda en Zurif, la aldea cisjordana ocupada de la cual es oriundo el más reciente mártir de Hamás. Aunque no poseía el permiso especial para trabajar dentro de Israel, Ghneimat, de 28 años, se las había arreglado para ganarse la vida como camarero de un restaurante cercano al café Apropos donde se inmoló en medio de judíos que se preparaban a festejar la fiesta carnavalesca del Purim. Abu Diya había sido detenido en dos ocasiones por estancia ilegal en Israel. Los propietarios de los restaurantes en los que trabajó fueron detenidos por contratarle de forma ilegal.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 23 de marzo de 1997

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