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El apoyo de Bill Clinton

El Tercer Mundo está también en el Primero. En EE UU, país de grandes desigualdades, hay más de 300 programas de microcréditos que ayudan a decenas de miles de personas como Judy, una mujer de Chicago que luchaba para salir de la caridad pública vendiendo calzado puerta a puerta, hasta que su asistente social presentó el caso ante el Proyecto de Autoempleo para Mujeres (WSEP), una de las numerosas organizaciones creadas para ayudar a las mujeres sin medios la establecerse por su cuenta. El primer préstamo que recibió Judy fue de 600 dólares, poco más de 80.000 pesetas. Dos años y medio después, abrió su propia zapatería. Ahora tiene planes de expansión', ha devuelto los créditos y uno de sus hijos trabaja con ella.

Los Clinton son grandes partidarios. El presidente pidió el Nobel de la Paz para Yunus tras conocerle, en 1992. En 1996 Clinton dijo: "¿Por qué no podríamos revolucionar la cultura de la pobreza con los microcréditos, como estímulo para la libre empresa?". Hillary Clinton, que participó en la cumbre de Washington, es otra entusiasta: "Los programas de microempresas funcionan: sacan de la pobreza a mujeres y a familias enteras. Se llaman micro, pero su impacto es macro".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 23 de febrero de 1997