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Crítica:CLÁSICA
Crítica

Celebración de Brahms

Con la audición del Requiem alemán, la Orquesta Sinfónica de Madrid y la Sociedad Coral de Bilbao, bajo la dirección de Frühbeck de Burgos, se anticipan a las conmemoraciones de Brahms en el centenario de su muerte que tendrán lugar el próximo año. Además, diversas circunstancias han otorgado mayor protagonismo al director burgalés: la reciente concesión del premio de la Fundación Guerrero y las conversaciones que actualmente mantiene con el Ministerio de Cultura. con vistas a la dirección de la Orquesta Nacional.Pero cargar la mano sobre estos hechos sería tanto como minimizar la excelente versión que, como en otras ocasiones, consiguió Frühbeck de esta lírica, introvertida y hermosa meditación sobre la muerte. El gran artista habla siempre urbi et orbe y aunque parta de la particularidad alcanza la generalización. Todos pueden solidarizarse con el largo lamento bíblico y, sobre todo, con la partitura grande, emotiva y trascendente de un Brahms más o menos treintañero.

Cielos de la Comunidad de Madrid

Orquesta Sinfónica de Madrid y Sociedad Coral de Bilbao. Director: R. Frühbeck de Burgos. Solistas: J. Kaufmann, soprano y W. Brendel, barítono. Órgano: A. Serna. Auditorio Nacional. Madrid, 26 de noviembre.

Fernández Arbós, brahmsiano anticipado, dio el Requiem en San Sebastián ya en 1913 e igual fervor tuvieron para esta obra Ataúlfo Argenta y Eduardo Toldrá. Si no me equivoco Frühbeck lo interpretó en Madrid por vez primera en 1968, en el concierto del décimo aniversario de la muerte de Argenta.

Hace algún tiempo señalé la evolución del maestro burgalés: los años y las importantes experiencias no pasaron en balde. Y Frühbeck hace un Requiem expresivo, sereno y transparente, construido desde un concepto totalizador que inserta todos y cada uno de los números en una unidad superior; son distintas estrofas de un solo poema.

Contó esta vez con la excelente aportación de la Sociedad Coral de Bilbao que dirige Gorka Sierra y el resultado no pudo ser más idóneo; a él contribuyeron dos solistas de nota: la soprano norteamericana Julie Kaufmann y el barítono muniqués Wolfgang Brendel, ambos de grandes calidades vocales y estilísticas. El éxito fue muy grande.

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