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Tribuna:

Alivio

Cara de alivio tenía el presidente Aznar tras el, nombramiento del ilustrísi mo señor don José Augusto de Vega como presidente de la Sala Segunda del Supremo. Atribuidas tendencias políticas a los jueces, al señor De Vega se le considera próximo al PSOE, y al derrotado Román Puerta, cercano al PP. Esta elección era algo más que una elección rutinaria, y has ta un diario tan equidistante de CiU y del PSOE como La Vanguardia titulaba al día siguiente de la elección: CiU y PSOE imponen al presidente de la sala que juzga el caso GAL. Ojo al matiz. No se refiere a la presidencia de la sala en general, sino de la sala que juzgará el caso GAL. De haber salido elegido el juez supuestamente pepero, cualquier decisión tomada por la Sala Segunda sobre los GAL habría sido considerada o prueba del pacto de. silencio PP-PSOE o de la sañuda persecución de Felipe González emprendida por el PP. Ahora Aznar puede contemplar el pronunciamento de la Sala Segunda del Supremo como un asunto distinto y distante, protagonizado por, el elegido del PSOE y CiU. Cualquier interpretación de las sanciones dejaría al PP en el limbo, a no ser que la ciudadanía deduzca haber asistido a un ménage à trois en el que el PP ha ejercido de marido gozosamente escondido en el armario ropero.El prodigioso acontecimiento de la inesperada elección de De Vega se produjo el 20-N de 1996, y, de no recurrir a la teoría conspiratoría, habrá que asumir la primera intervención de la Providencia en la política española desde el 20-N de 1975. O ha sido la Divina Providencia apiadada de las grotescas tragedias minero-cubanas del PP o ha habido pacto entre los mayorales de la democracia orgánica implícita en la democracia social y representativa. Democracia orgánica en el sentido unamuniano, consciente aquel gran pelmazo de que a los españoles, incluible Pujol, nos gusta hacer las cosas por órganos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 25 de noviembre de 1996