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Yeltsin reaparece en público con ánimo "combativo"

El presidente de Rusia, Borís Yeltsin, fracasó ayer en su intento mediador para calmar las tensiones crecientes en Bielorrusia, al no conseguir que el presidente Alexandr Lukashenko acudiera a una cumbre de reconciliación con su rival político, el jefe del Parlamento, Simón Sharetski, en la localidad rusa de Smolensk, a medio camino entre Moscú y Minsk. La mediación de Yeltsin, que conversó por teléfono 40 minutos con Lulcashenko y otros 10 con Sharetski, Sue la primera acción política del líder ruso, que dijo volver con, ánimo "combativo" tras su operación de corazón.

Yeltsin, que fue operado el 5 de noviembre, inauguró ayer una fase más activa de su recuperación, y, libre ya de los últimos puntos de sutura, apareció por primera vez ante las cámaras de televisión de la agencia RiaNovosti, mientras paseaba con su familia por los jardines de la clínica del Kremlin donde convalece. Las zapatillas de fieltro, el gorro de piel y la bufanda a cuadros que le daban un aspecto casero no empañaron, sin embargo, su buen aspecto. La energía del presidente, que algunos ven ya como el impulso de una nueva e impredecible dinámica política, se evidenció ayer en la agilidad con que subió un escalón y se sentó en un banco y también en su estado de ánimo que él mismo definió como "combativo".Fiel a su propio estilo, Yeltsin aseguró que el día anterior se había dirigido al jefe del Gobierno, Víctor Chernomirdin, con la frase "¡venga, el informe!", y pensaba pedir cuentas

"todos" sus colaboradores. En una entrevista con el diario Izvestia, la esposa de Yeltsin, Naina, manifestó su deseo« de que Tatiana, la hija menor de ambos, siga en el futuro trabajando con su padre, porque ,"nunca le engañará y le dirá siempre lo que no le dicen otros".

Yeltsin exhortó ayer a sus dos interlocutores bielorrusos a "mostrar sabiduría estatal, a encontrar una vía de compromiso y a no permitir un cisma en la sociedad bielorrusa", según un comunicado del servicio de Prensa del presidente. El secretario del Consejo de Defensa de Rusia, Yuri Baturití, manifestó, a su vez, que los dirigentes rusos estaba "elaborando" su posición sobre Bielorrusia.

Pese a todas las exhortaciones, Lukashenko insiste empecinadamente en celebrar el referéndum que incrementará sus poderes el próximo domingo y alega que el plebiscito ha comenzado ya (los bielorrusos han podido ir a votar desde el pasado 9 de noviembre) y no puede ser detenido.

El Tribunal Constitucional de Bielorrusia decidió ayer que el viernes comenzará a verificar si el comportamiento de Lukashenko transgrede o no la Constitución. Si el Alto Tribunal establece que Lukashenko ha excedido sus competencias, puede suspender sus actividades y plantear su cese, que es poco probable, ya que se necesitan los votos de dos tercios de los diputados y el presidente tiene una fiel minoría a su favor.

Lukashenko dio excusas ayer para no acudir a Smolensk. Sus portavoces dijeron que "estaba muy ocupado" y también que no iba porque el jefe del Gobierno ruso, Víctor Chernomirdin, iba a estar ausente. Por la mañana, Lukashenko y Sharetski no llegaron a reunirse en Minsk en una cita que, según algunos, hubiera podido cambiar el rumbo de los acontecimientos. Sharetski se negó a acudir a las dependencias presidenciales alegando que el presidente estaba manteniendo consultas con los 76 parlamentarios que le son fieles, en contra de lo convenido y a la hora prevista para verle a él. A diferencia de Lukashenko, Sharetski fue a Smolensk, donde se reunió con los jefes de las dos cámaras del Parlamento ruso, Guenadi Selezniov, y,Yegor Stroyev.

Influencia del Kremlin

La situación en Bielorrusia resulta muy delicada para el Kremlin y para Yeltsin, por las analogías que guarda con el enfrentamiento entre el líder ruso y su Parlamento, que culminó trágicamente en octubre de 1993.

Rusia goza de una cierta influencia sobre Lukashenko por la orientación promoscovita de éste y por el acuerdo firmado el pasado abril para unirse en una comunidad. Sin embargo, los acontecimientos de ayer muestran que, por las buenas, la influencia de Moscú sobre el obcecado líder bielorruso es limitada.

Los presidentes de los otros vecinos de Bielorrusia, Algirdas Brazauskas, de Lituania; Leonid Kuchina, de Ucrania, y Alexandr Kwasniewski, de Polonia, firmaron . una declaración conjunta en la que se manifiestan preocupados por el conflicto bielorruso y piden que éste se resuelva de forma constitucional con respeto a los derechos humanos y a las libertades cívicas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 21 de noviembre de 1996

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