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Genes, cariño y salud determinan la talla

El mayor estirón, de 20 centímetros, se produce en el primer año de vida

"Quisiera ser tan alto como la Luna". Así empieza una de las canciones populares infantiles españolas. Porque la estatura es una constante que ha preocupado al hombre de todos los tiempos. La talla de cada persona está condicionada por el crecimiento desde la concepción, y este proceso, a su vez, está determinado por una serie de factores que pueden interferir positiva o negativamente.El proceso de crecimiento, que acaba en la pubertad, es tan importante que cualquier alteración en él, sobre todo en los primeros años de su vida, puede significar que algo no va bien en el organismo.

Como señala Basilio Moreno Esteban, jefe clínico de endocrinología del hospital Gregorio Marañón de Madrid, el ser humano ha ido aumentando la talla en el transcurso de los siglos según la llamada tendencia secular. Desde la Edad Media hasta la actualidad ese aumento se ha expresado en algo más de 20 centímetros. Según advierte, esto tampoco significa que la persona siga creciendo indefinidamente. A partir de ahora y hasta la primera mitad del siglo XXI, el crecimiento secular será mucho más lento, estimándose en dos centímetros de promedio.

"Las armaduras del siglo XV demuestran fehacientemente", dice Moreno Esteban, "que los hombres no llegaban a 1,60 metros. Actualmente la altura media del varón se sitúa en 1,74 y la de la mujer en 1,62. Los españoles ya tenemos una talla media similar a la de cualquier país desarrollado".

Los avances en la medicina, el descenso de las enfermedades infecciosas, los cuidados en la alimentación, las mejores condiciones sociales de salubridad y una mayor higiene personal han incidido favorablemente en este cambio progresivo.

Factores extrauterinos

Moreno Esteban agrupa los factores que intervienen en el crecimiento en intrauterinos y extrauterinos. Los primeros incluyen la constitución genética de los padres y la del propio feto, así como todas las condiciones en las que se desarrolla el embarazo. Entre los factores extrauterinos, tres destacan con gran diferencia sobre todos los demás implicados: la alimentación, el estado de salud del niño y el cariño que reciba."Nacemos con una estatura en la edad adulta genéticamente determinada. Los factores que a lo largo del crecimiento influyan positivamente no harán que seamos más altos. Sin embargo, sí contribuirán a reducir esa talla genéticamente determinada aquellos que incidan desfavorablemente", aclara este experto.

El estado de salud del niño (sobre todo en el primer año de vida, que es el periodo en que experimenta el estirón mayor y que puede superar los 20 centímetros) es fundamental. Las enfermedades graves y las hormonales interfieren muy negativamente. También la repetición frecuente de ciertas infecciones, como la gastroenteritis.

La alimentación debe ser sana y equilibrada, con una proporción adecuada de hidratos de carbono (55%), grasas (30%) y proteínas (15%), complementado con vitaminas y minerales. "Pero conviene tener presente", añade Moreno Esteban, "que no por estar bien nutrido se crecerá más, aunque sí se crecerá menos si hay déficits alimentarios".

Los criterios de referencia para los niños que se desarrollan en circunstancias de salud y educación normales indican que en los primeros cuatro años el niño crece 50 centímetros, cifra que irá aumentando en siete cada año hasta los siete años de edad. A partir de aquí el incremento será de cinco centímetros cada 12 meses.

El periodo de crecimiento termina cuando se cierran los cartílagos de conjunción que unen las extremidades de los huesos y que coincide con la pubertad, periodo que no se produce a la misma edad en ambos sexos.

La menarquía o primera regla en las niñas significa que la pubertad está a punto de concluir y queda un año más para que finalice el crecimiento, generalmente a los 14 años y medio. En los niños esta etapa no está tan marcada y es más larga, de ahí que normalmente los hombres sean más altos. La pubertad masculina, que se puede prolongar hasta los 18, se hace evidente por la maduración de los genitales y la aparición de los caracteres sexuales secundarios (voz grave, bigote, barba).

Cerrados los cartílagos de conjunción en la pubertad, "es imposible seguir creciendo o dar algún estirón", asegura Moreno. "Sí son reales", agrega, "los estirones en la etapa de crecimiento durante procesos febriles no graves, como una gripe o las infecciones comunes de garganta. Empíricamente, se observa que la fiebre es un estimulador de la hormona del crecimiento. También las vacaciones propician el estirón".

A veces el ritmo de crecimiento es caprichoso, por lo que un niño bajito no tiene por qué ser un adulto bajo. Hay pequeños que, por razones ambientales u hormonales, crecen más lentamente durante un periodo determinado. Según Moreno Esteban, se puede predecir la estatura adulta con un margen de error de pocos centímetros. Para ello, a partir de los seis años de edad se realiza un estudio dinámico mediante unas pruebas sencillas que darán una altura bastante aproximada: consideración de los antecedentes familiares, estudio del ritmo del crecimiento mediante mediciones periódicas y una radiografía de muñeca.

"Este estudio", apostilla, "no tiene sentido aplicarlo en todos los niños, pero sí en aquellos que son bajitos y en los que, por ejemplo, quieren ser jugadores de baloncesto".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 18 de noviembre de 1996