Pocos, pero generosos

El concierto benéfico de Basida no consigue llenar, pero sí llamar la atención

Se hizo de noche, pero el sol no se puso sobre el escenario de La Riviera. La presencia generosa del público que llenó apenas un tercio del aforo fue el sol que iluminó las actuaciones que ayer llamaban a la solidaridad con los enfermos terminales de sida. La organización no gubernamental Basida consiguió reunir en su concierto Todos iguales bajo el sol a una veintena de variadísimas propuestas musicales. Su intención era llenar el local y sacar fondos para sufragar parte de los gastos de la construcción de una residencia en Navahondilla (Ávila). Pero no consiguió el pleno, aunque el goteo de gente fue incesante toda la noche. Mil localidades vendidas resultaban escasas en un aforo de casi 3.000."Los resultados económicos no nos son favorables", reconoció, preocupado pero alegre, Manuel Cerrato, presidente de Basida. "Nos interesa también la repercusión de este acto para que Basida se conozca más y mejor y pueda seguir adelante con los proyectos", afirmó.

Basida, algo así como los buscadores del signo del amor, se dedica a dar, en sus pequeñas casas de acogida, cariño, comida caliente y techo a los enfermos terminales de sida sin recursos. Sus servicios son gratuitos. El festival de anoche hubiera sido una inyección importante de dinero para su tarea solidaria. "Hablar de Basida es hablar de alegría", dijo Cerrato desde el escenario. También agradeció a todos los participantes su colaboración desinteresada y aseguró no, cejar en su empeño de "seguir viviendo con los enfermos terminales de sida". "Empezamos unos cuantos profesionales hace cinco años en una casita de Aranjuez, abandonamos nuestros trabajos para vivir con ellos y hacerlos de nuestra familia", dijo el responsable de Basida, que pidió ayuda para todas las organizaciones que trabajan con los enfermos de sida.

El dúo Amistades Peligrosas sin Alberto Comesaña, Aute, Diabéticas Aceleradas, El Club de los Poetas Violentos, Buenas Noches Rose, Mercedes Ferrer y Pedro Guerra que cantaron una canción juntos, Ea!, desfilaron por el escenario desde las siete de la tarde. "Hace mucho que no veníamos a un concierto", reconocían Antonio y Elena, una pareja de recién casados que ayer mismo llegaban de su luna de miel en el Caribe, "pero no queríamos perdernos éste, pues aunque no nos gustan todos los artistas, la causa lo merece".

El lacito rojo en la camiseta era el protagonista entre el público, que dedicó más aplausos a las palabras de los artistas sobre el sida que a sus actuaciones. En la noche flotó el recuerdo de Luisa Martínez, una de las musas de la movida madrileña, que perdió la vida por el terrible virus. El presentador televisivo Benji leyó en su honor un poema de José Antonio Bravo y Nacho Cano le dedicó su célebre Hoy no me puedo levantar y deseó: "Para que ella la cante con nosotros".

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 24 de julio de 1996.