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La OCDE rebaja el crecimiento de la economía española al 2,3% este año y al 2,7% en 1997

Victoria Carvajal

El saneamiento de las finanzas públicas debe ser la prioridad de las políticas económicas de los países desarrollados, aun a riesgo de que conduzca a corto plazo a una recesión. Este es el mensaje, no muy esperanzador, del informe semestral de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que agrupa a las 27 economías más industrializadas del mundo. El informe constata la bajada de los crecimientos de las economías y para España vaticina un crecimiento del 2,3% este año (frrente al 2,9% anterior) y del 2,7% para 1997. También propone reformas estructurales en el mercado laboral y en sectores protegidos y, siempre que la inflación lo permita, bajar los tipos de interés.

En el primer semestre de este año, las 27 economías de la organización crecieron una media del 1,9%, aunque se espera que su actividad repunte en los próximos meses para cerrar el año con un avance del 2,1% y del 2,5% para 1997. Las previsiones para la economía española son mejores que la media de los 27 países y de los países europeos, para los que se prevé el 1,6% en 1996, y también del 2,7% en 1997, el año considerado clave para aprobar el examen de convergencia y que, según el informe semestral de la organización, es difícil de cumplir. En cualquier caso, coinciden con las previsiones recientemente elaboradas por el Gobierno del PP. En ambos casos se estima que la desaceleración de la actividad en la primera mitad del año limitará el incremento del producto interior bruto (PIB) al 2,3% para todo el ejercicio frente al 2,9% previsto anteriormente. Para 1997, lo sitúa en el 2,7% frente al 3,1 %.Las previsiones sobre la evolución del déficit público son, sin embargo, muy pesimistas: este desequilibrio quedará en el 5,2% en 1996 y en el 4,7% en 1997, lejos del 3% que exige Maastricht.

Pero el informe se cura en salud al destacar que estas estimaciones no tienen en cuenta las posibles medidas de ajuste adicionales que pueda adoptar el actual Ejecutivo. Estos datos están medidos, además, con criterios de caja y no de devengo (lo que comprometido ingresar), que rebajarían algunas décimas.

Con todo, destaca la mejora de los principales desequilibrios, especialmente la inflación. Un logro que atribuye a la independencia del Banco de España y a la debilidad de la demanda. "La progresión moderada de la demanda, en el contexto de una política monetaria prudentemente restrictiva, permite pensar que será suficiente para reducir la inflación al 3% en 1997", dice la OCDE. Para este año prevé el 3,4% y el 2,9% para 1997.

Política cambiaria

La prudente política monetaria seguida por el banco central ha permitido, además, que la peseta se apreciara y que la prima de riesgo con Alemania cayera tres puntos desde diciembre.

En Estados Unidos, la subida de los tipos a largo plazo asegura que el crecimiento sea moderado (un 2,3% para 1996) y plantee pocos riesgos inflacionistas. En este sentido, aconseja a la Reserva Federal estadounidense que peque de prudente para evitar que suban los precios. En Europa, el recorte de los tipos y la mayor estabilidad cambiaría, permitirá al PIB crecer un moderado 1,6%. Para Japón, augura un crecimiento estable y recuerda la necesidad de corregir su elevado déficit fiscal (5% del PIB).

La OCDE, encargada de promover las políticas que aseguren la mayor expansión posible del crecimiento y el empleo, no propone recetas nuevas para conseguirlo. Descontada la prioridad indiscutible de reducir los déficit, reconoce que el margen de maniobra para luchar contra el paro y la desaceleración es bastante estrecho.

Valora positivamente la lucha contra la inflación y destaca la mayor convergencia que se va a producir entre sus tasas de crecimiento, más modestas pero más sostenibles. La mayoría de los países van a coincidir por primera vez en la historia en aplicar un importante ajuste.

El caso europeo es el más flagrante. Los países de la UE tienen los desequilibrios presupuestarios más altos de la OCDE y sólo 18 meses para reducirlos al 3% del producto interior bruto (PIB) a tiempo para pasar el examen de acceso a la unión monetaria. Aunque este organismo apuesta por que, las rebajas de los tipos de interés que se han efectuado en Europa desde él otoño permitirán que las economías se reactiven en la segunda mitad de 1996, plantea el riesgo a que un ajuste fiscal simultáneo en la UE, impida esta recuperación e incluso provoque una recesión.

"Los gobiernos de la UE se enfrentan al reto de asumir el coste a corto plazo del ajuste fiscal para obtener a largo plazo los beneficios que resultan del saneamiento presupuestario, de una parte, y de fa pertenencia a la unión monetaria, de otra". El premio al esfuerzo de consolidación fiscal, será una bajada de los tipos de interés a largo plazo, aunque sus efectos se dejarán ver a medio,

Los recortes de los tipos que puedan efectuar los bancos centrales para moderar los efectos depresores del ajuste fiscal tampoco se notarán lo suficientemente pronto.

Unión monetaria y paro

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