Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
DESAPARECE UN POETA DEL PENSAMIENTO

Seguiremos hablando

Me piden que hable de Valverde y me cuesta enormemente hablar, así, brutalmente en pasado, de alguien con el que estoy hablando, con el que seguiré hablando, negándome a aceptar la tiranía de la ausencia. Nadie como él merece esta negación porque Valverde no fue sino que es la palabra misma, el hablar desde la profunda sencillez de los grandes, el conversar más allá de los espacios acotados de la vida diaria. Y así lo escucho con su voz profunda, hermosa, irrepetible, una voz que vibra, clara y poderosa en un cuerpo frágil, para contar el paso de las ideas, la transformación de las culturas, el amor de los poetas a la sonrisa amablemente escéptica y a la inteligencia suave de los fuertes.Porque Valverde, reacio a cualquier grandilocuencia, es todo fortaleza y energía cuando se trata de la poesía y, en particular, cuando se trata de la pasión de los justos. Sin teatralidad, sin frases huecas, con gusto por la ironía y la precisión, Valverde ha enseñado, y enseñará, la tremenda exquisitez de los buenos: las grandes lecciones de quien no es aleccionador, las grandes verdades de quien no pretende tener ninguna verdad, las grandes propuestas de quien está desposeído de ambición. ¡Qué hermoso era hablar contigo, José María, y qué horror escribir ahora aceleradamente sobre tí como si ya nunca más pudiéramos conversar! Me niego a aceptar esta maldita forma de pasado. Los demás amigos también se negarán. Pero, ¡cuánto, cuánto, te echaremos a faltar!.

MÁS INFORMACIÓN

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 7 de junio de 1996