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La mayoría de los españoles no votaran de nuevo, salvo imprevistos, hasta 1999

Si la cantinela de los mítines y la charanga de las caravanas electorales les ha dejado exhaustos, los españoles no deben preocuparse. Salvo imprevistos, la mayoría de ellos van a disponer de un largo periodo para recuperarse. Hasta mayo de 1999, dentro de algo más de tres años, cuando deben celebrarse las elecciones europeas, municipales y autonómicas, no tendrán otra cita con las urnas.

La prolongada tregua electoral de que dispondrá el nuevo Gobierno, prácticamente sin precedentes en la historia de la joven democracia española, tan sólo se verá alterada en Galicia y el País Vasco, cuyos Parlamentos deben renovarse respectivamente en octubre de 1997 y octubre de 1998.En España, donde hay elecciones generales, municipales, autonómicas y al Parlamento Europeo -sin contar con las Diputaciones o los Cabildos, que también se eligen directamente en el País Vasco o Canarias-, no suelen pasar más de seis meses antes de que los ciudadanos, o una parte de ellos, sean llamados de nuevo a las urnas.

La sucesión casi ininterrumpida de citas electorales condiciona la acción de cualquier Gobierno, que se ve coartado para adoptar medidas impopulares ante el temor a sufrir enseguida un castigo del electorado.

Desde las primeras elecciones democráticas, en junio de 1977, todos o parte de los españoles han sido llamados 35 veces, con la de hoy, a ejercer su derecho al voto, en 45 convocatorias distintas, ya que algunas elecciones, como ocurre ahora con las generales y las andaluzas, se celebraron el mismo día. Ni uno solo de los 19 años que tiene la democracia española ha pasado sin proceso electoral y en alguno, como en 1986, hubo hasta cuatro diferentes.

Por eso resulta un hecho insólito que la próxima cita electoral, después de la de hoy, esté prevista para dentro de 19 meses, en octubre de 1997, cuando deben celebrarse los comicios gallegos. Baste recordar que desde junio de. 1993 hasta hoy, en menos de tres años, se han producido siete llamadas a las urnas para renovar diez instituciones.

La.anticipación de las legislativas, que no debían celebrarse hasta junio de 1997, ha causado este largo paréntesis, que se compensará con la celebración de seis elecciones -municipales, autonómicas, europeas, catalanas, generales y andaluzas- de mayo de, 1999 a marzo de 2000.

Salvo que el resultado de hoy obligue a repetir las elecciones a las Cortes o alguno de los presidentes autonómicos que pueden hacerlo -sólo los de Cataluña, Galicia, el País Vasco, Madrid y Andalucía tenían hasta ahora esta prerrogativa- disuelvan su Parlamento, el nuevo Gobierno disfrutará de un periodo excepcionalmente largo de calma.

La primera cita electoral de la próxima legislatura tampoco será motivo de especial- preocupación, pues la experiencia demuestra que los resultados de los comicios gallegos no son representativos del conjunto de España. Algo diferente será la situación si José: María Aznar gobierna España en esas fechas, pues el PP deberá enfrentarse a la sustitución de ' Manuel Fraga, que ha anunciado que no optará a la reelección al frente de la Xunta, y al resultado difícilmente igualable que obtuvo en octubre de 1993, cuando superó el 52% de los votos.

El primer gran test electoral para el nuevo Gobierno no se producirá, sin embargo, hasta mayo de 1999. Será entonces cuando los, españoles acudan a las urnas para renovar a, sus representantes en los Ayuntamientos y las Diputaciones, en 13 Asambleas autonómicas y en el Parlamento Europeo. Se sabrá en ese momento, más allá de las encuestas, si el mapa político salido de las elecciones de hoy sigue vigente.

Habrán pasado, por tanto, tres años antes de que en España se celebren unas nuevas elecciones de carácter general y, cuando eso suceda, el Gobierno salido de las urnas de hoy estará enfilando la última etapa de su mandato.

Las elecciones de la primavera de 1999 serán especialmente cruciales para el PP, pues esta formación deberá poner en juego el poder territorial que consiguió en mayo de 1995 y revalidar la victoria que obtuvo en las europeas de 1994, las primeras elecciones que ganó en toda España.

En cualquier caso, los tres años de tregua electoral no sólo supondrán un respiro para el Gobierno, sino también para el partido que salga derrotado hoy. Tanto si el PSOE pierde las elecciones como si lo hace el PP, la renovación interna parece asegurada.

El PSOE tiene previsto celebrar su congreso a lo largo de 1997 y, aunque acaba de celebrarlo, una inesperada derrota obligaría con toda probabilidad al PP a adelantar el suyo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de marzo de 1996

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