Medio ambiente: problema vital, soluciones inconcretas

El compromiso sobre el papel de los partidos con el medio ambiente no se ha traducido en debates políticos de altura. Lluís Recoder, diputado de CiU desde 1986 y portavoz de este partido en Medio Ambiente, ha visto, a excepción de un repunte en 1992 coincidiendo con la Cumbre de Río, poca actividad parlamentaria en este campo, "sobre todo en la última legislatura". Ni debates ni protagonistas. Organizaciones ecologistas como Greenpeace, Aedenat, Adena y CODA califican al ministro de Obras Públicas, Transportes y Medio Ambiente, José Borrell, de "prepotente", con "criterios desarrollistas similares a los de los ministros franquistas". Aunque él se ha defendido hablando de "ecolojetas" y "fundamentalístas de la ecología", su imagen no se librará de las polémicas por la presa navarra de Itoiz y su proyecto de autovía de Levante junto a las Hoces del Cabriel. Salvan de la crítica a la secretaria de Estado de Medio Ambiente y Vivienda, Cristina Narbona, y reconocen logros ambientales al ministro de Agricultura, Luis Atienza.Pero sólo ha habido un político que ha llevado el medio ambiente al primer plano de su gestión e intereses: el presidente de Castilla-La Mancha, José Bono, que incluso consiguió el lunes que Felipe González se estrenara prácticamente en el abordaje de un tema con repercusión ambiental. ¿Asunto? Las Hoces del Cabriel.

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El mundo de los partidos verdes es de análisis casi imposible dadas las escisiones de escisiones. En cinco comunidades, Los Verdes se presentan en coalición con IU. Sin embargo, a la hora de elaborar las listas, la coalición de Julio Anguita les ha dado poca cancha a los candidatos verdes. En otras provincias como Madrid hay hasta cuatro opciones: Los Verdes Europeos, Los Verdes-Grupo Verde, Partido Roji-Verde y Los Verdes de Madrid.

A pesar de algunas lagunas, el programa de IU es el que más se parece a las propuestas que Greenpeace hizo recientemente a los partidos con vistas al 3 de marzo. Comparten puntos tan sustanciales y verdes como el ministerio ambiental (también ofrecido por el PP), el cierre de las nucleares, la implantación de auditorías ecológicas, la no incineración de basuras, la priorización del transporte público y, en concreto, del ferrocarril, el fomento del uso peatonal de las ciudades y las restricciones al tráfico privado.

Quizá, el gran problema de la ecología sea que requiere esfuerzos y que da resultados a largo plazo. Y los políticos lo que quieren es, sobre todo, frutos en periodos de cuatro años como mucho. De ahí que la mayor pasión se haya puesto en cosas relativamente fáciles, rápidas y muy visibles como declarar espacios protegidos. Otra cosa es que luego realmente se protejan.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 15 de febrero de 1996.

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