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Crítica:ROCK

A gran altura

De entrada, una felicitación general por la recuperación de un espacio para el rock en directo en la capital. Después, un notable para Del Tonos en su reencuentro con la legalidad. La banda ha reenganchado el hilo de su propia historia, mostrando que su evolución ha seguido curso normal. En formación de trío, una de las más difíciles a la hora de encarar un sonido potente y lleno de matices, el grupo de Hendrik lo trenza grueso, áspero y enérgico, tendiendo un puente entre el esquema de composición del blues clásico y los arquetipos del rock de ahora mismo. Del Tonos iza la bandera de su propia contemporaneidad, aceptando el reto de crear rock de ahora en castellano para un amplio espectro de público juvenil. Buena prueba de ello fue la masiva respuesta de la audiencia.Los temas antiguos -Listo, Bocazas o Lo dije bien- y el nuevo material -Cómo podría yo querer vivir, si ni siquiera me conozco o Algo entre tú y yo- producen un resultado intenso. Sólo sería achacable cierto punto mortecino, como si el esfuerzo de los músicos españoles por hacer rock en serio sólo cristalizara si se olvidan los aspectos festivos.

Los Del Tonos

Hendrik Roever (voz y guitarra), Chewls Herrero (bajo) e Iñaqui García (batería y voces). Sala Katedral. 1.500 pesetas. Viernes 9 de febrero.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de febrero de 1996