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Crítica:CINE

Una obra maestra del crimen

Hace tres años el prolífico y polifacético Beltránd Tavernier rueda L. 627 (1992), un atractivo policiaco sobre el funcionamiento de una brigada antidroga de la policía francesa a la sombra de una nueva ley. El año pasado completa su tríptico policiaco con otro todavía más interesante que muestra el otro lado de la cuestión, la escalofriante actuación de un terceto de jóvenes, absurdos y chapuceros asesinos.El atractivo de La carnaza reside en la frialdad con que Tavernier narra una historia realmente terrible, basada en hechos reales, pero sin dar en ningún momento su opinión sobre lo que cuenta, dejando qué sus personajes sólo sean juzgados por sus acciones situando a la policía al margen de la historia así como el sentimiento de atracción y repulsa que producen. En la primera parte describe a su tercera protagonista. La atractiva Nathalie, que trabaja como vendedora modelo de día y se dedica a salir con hombres mucho mayores que ella por la noche para obtener contactos y direcciones con los que prosperar. Su novio, Eric, que vive del dinero que le saca a su acomodada familia, sueña con montar una cadena de tiendas en Estados Unidos. Y su inseparable amigo Bruno, un ser marginal, bastante disminuido psíquico, que comparte un piso con ellos. Para la segunda parte relatar como poco a poco, casi sin darse cuenta, comienzan a robar y matar a los amigos mayores de ella.

L´appàt (La carnaza)

Director: Beltrand Tavernier. Guionistas: Colo Tavernier O'Hagan, Beltrand Tavernier. Fotografía: Alain Cloquart. Música: Pliffippe Haim. Francia, 1994. Intérpretes: Marie Gillain, Olivier Sitruk, Bruno Putzulu, Richard Berry. Estreno en Madrid: Alphaville (VOS).

Fascinados por las marcas, la publicidad, la televisión, las películas violentas y el dinero; estos, tres jóvenes se ven arrastrados a una sucesión de violentos crímenes. Lo que hace más terrible sus acciones, lo que impresiona más de La carnaza, es el absurdo que les lleva a matar y la total chapuza que son sus asesinatos, su ineficacia como criminales, la inconsciencia con que lo planean, el escaso beneficio que obtienen con sus asesinatos y la nula intranquilidad que les producen. Narrada desde el punto de vista de la escultural Nathalie, el realizador y coguionista Beltrand Tavernier dibuja con maestría el personaje de una jovencita, casi una niña que en cuanto tiene una dificultad se refugia en casa de su madre, que no ve el menor problema en dejarse utilizar como cebo por sus amigos, pero luego se oculta tras las puertas, sube la música de volumen, no quiere saber nada sobre los asesinatos, y no tiene inconveniente en repartirse los ridículos botines conseguidos.

Rodada con un rápido ritmo de policiaco, Tavernier logra una película de impresionante fuerza, su obra maestra, por saber mantener su ambigüedad frente a sus absurdos pero reales personajes, por crear unos hábiles juegos de puerta, tanto en la casa donde vive su terceto protagonista como en la de sus víctimas siempre para que Nathalie intente aislarse de la realidad, y sobre todo por haber conseguido extraer la máxima humanidad de sus tres personajes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 8 de septiembre de 1995

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