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González se compromete a no retirar unilateralmente las tropas de Bosnia

España no retirará unilateralmente sus tropas de Bosnia y tampoco cree que ningún otro país lo haga, "pues incluso para tomar esa decisión nos necesitamos unos a otros", afirmó Felipe González, tras su visita de cinco horas a Mostar, la devastada capital de Herzegovina, donde los 1.400 cascos azules de la Agrupación Galicia intentan consolidar la precaria paz entre musulmanes y croatas.

La coincidencia de su viaje con el inminente inicio de la campaña electoral planeó sobre la breve conferencia de prensa con que concluyó su estancia en la zona. Por tres veces tuvo que salir al paso de las sospechas de electoralismo: "Nunca confundiría una cosa con otra", dijo. "Lamentaría que alguien lo creyera, porque nada está más lejos de mi intención", agregó. "No creo que se vaya a alterar el voto en un ayuntamiento por estar o no en Mostar. Me parece un poco mezquino que se haga esa reflexión", terminó, ya molesto. Quizá para no dar alas a las insinuaciones, rehuyó cualquier mención a la política interna y se limitó a hablar de la situación en la ex Yugoslavia. Aunque "existe la posibilidad real" de que los países con tropas en la región se planteen retirarlas, al constatar que el conflicto se eterniza, dijo, la zona bajo responsabilidad española es actualmente "la de mayor calma de toda Bosnia-Herzegovina", por lo que mostró un "prudente optimismo".

González aterrizó al filo de las 11.00 horas junto al hospital de Mostar en un helicóptero Superpuma francés de la ONU, que le recogió en el aeropuerto de Split. Recién llegado de Moscú, donde asistió a la conmemoración del 50° aniversario del fin de la II Guerra Mundial, pudo constatar entre las ruinas de la ciudad que "no han desaparecido de la faz de Europa la intransigencia y la intolerancia".

En octubre de 1993 visitó por primera vez Bosnia, pero entonces no pudo entrar en Mostar, donde croatas y musulmanes libraban una lucha fratricida. En el hotel Ero, se reunió con el administrador de la Unión Europea para la ciudad, el alemán Hans Koschnick, así como con los dos alcaldes, el musulmán Safet Orucevic y el croata Mijo Brajkovic, quienes accedieron a sentarse juntos. El presidente sacó la impresión de que "lo último que querrían [ambas partes] es que nos fuéramos", pese a que el recelo entre las dos comunidades no se ha disipado y el barrio musulmán sigue siendo un gueto del que sólo pueden salir diariamente 250 personas; excluidos los varones en edad militar, que aquí va de los 16 a los 60 años.

González llegó vestido con una cazadora de ante a Mostar, donde le recibió el coronel de la Agrupación. Galicia, Samuel Pellicer, y el teniente general Alfonso Pardo de Santayana; así como el eco lejano de una ráfaga, atribuida a la ruidosa celebración de una fiesta musulmana. Se puso el chaleco antifragmentación más tarde, para cruzar el puente de Tito, una estructura metálica prefabricada, y depositar una corona de laurel en el lugar donde cayó abatido el teniente Francisco Aguilar, tercera de las 15 bajas mortales españolas.

En el campamento ubicado en el barrio musulmán, González condecoró a 18 cascos azules que han superado tres meses de misión y dirigió una emotiva arenga a los soldados: "los mejores representantes de lo mejor de nuestro país" y "ejemplo para la juventud' según sus palabras.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de mayo de 1995

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