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BIOSEGURIDAD CANCER Y LÍNEAS DE ALTA TENSION

Dos estudios desvinculan la leucemia de los campos electromagnéticos

A juzgar por la intensidad de la preocupación en muchos paises por la relación entre el riesgo de padecer cáncer y los campos electromagnéticos (CEM) que generan, por ejemplo, por las líneas de alta tensión, cabría suponer que es un hecho establecido. No es así. La cuestión es objeto de un debate en el que, irónicamente, las pruebas que apoyan un vínculo entre los CEM y el cáncer siguen siendo muy poco concluyentes. Incluso se han encontrado fallos en las pocas investigaciones que pretenden establecer esa relación.Dos artículos publicados en la revista científica Nature (4 de mayo de 1995) ponen en duda la validez de un conocido estudio de 1991 sobre los CEM de baja frecuencia y la leucemia infantil. Dos equipos independientes de investigadores -uno dirigido por James C. Metcalfe (de Reino Unido) y otro por Jeffrey D. Saffer y Sarah. J. Thurston (del Pacific Northwestern Laboratory, EE UU)- afirman que no han podido reproducir los resultados de una serie de estudios de Reba Goodman, de la Universidad de Columbia (Nueva York), según los cuales había una actividad celular más intensa en las personas expuestas a campos electromagnéticos, algo que podría tener resultados impredecibles, entre ellos el cáncer.

La reproducción de un experimento es impresciendible para que sus resultados pasen a formar parte del acervo científico. y ni el grupo de Metcalfe ni el de Saffer han logrado detectar ningún efecto cancerígeno significativo. El segundo equipo insinúa que los resultados de Goodman se deben a un procedimiento de laboratorio incorrecto.

Estos últimos estudios no son los primeros que arrojan serias dudas sobre la validez de las investigaciones que tratan de establecer un vínculo entre los CEM, y el cáncer. Investigadores de varios laboratorios de todo el inundo han bombardeado células, tejidos, animales e incluso personas con diferentes intensidades de campos de baja frecuencia, sin haber logrado registrar ningún efecto cancerígeno significativo.

Nature / NYT.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 8 de mayo de 1995