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LA LIDIA: FESTIVAL EN MÁLAGA

Jóvenes figuras sin ideas

La Fiesta va lista con los toreros jóvenes de hoy; al menos, con los que tomaron parte en el festival malagueño. Entre todos no reunieron más de un par de ideas, una asombrosa incapacidad para resolver problemas, precauciones para regalar y ausencia insultante de recursos toreros. Alguna pincelada hubo, pero sólo atisbos, pocos, de torería. Y eso que tenían delante seis animalitos sin fuerza ni pitones y un público poco exigente. Pues, ni por esas. Sólo Conde consiguió enardecer a sus paisanos con un toreo de adornos y sin contenido.Javier Conde, que se despedía de novillero, ha profundizado en su estilo en el que sobresalen su figura, su baile y sus poses sobre su toreo. No, se le puede negar personalidad, pero se desmaya tanto que olvida que el toreo es mando. De hecho, con el mejor novillo naufragó por naturales y mató a ley, revolcón incluido. Su público se lo quería comer.

Lozano / Cinco matadores, dos rejoneadores

Novillos de Carmen Lozano, flojos, mansos y descastados; destacaron 2º y 6º. Litri: pinchazo y bajonazo (oreja); Enrique Ponce: estocada caída (ovación); Julio Aparicio: estocada trasera (oreja); Finito de Córdoba: pinchazo -aviso-, estocada y descabello (ovación); Javier Conde: estocada, (dos orejas). Los rejoneadores Luis Domecq y Antonio Domecq, por collera: un rejón (dos orejas). Plaza de Málaga, 19 de febrero. Festival benéfico. Casi lleno.

El otro, novillo bueno le tocó a Litri, que no supo cómo quitárselo de encima. Desbordado en todo momento, la faena resultó fría cuando estaba llamada a ser grande. Sólo una serie templada con la mano derecha, y se acabó la historia. Aburrió soberanamente. Enrique Ponce tampoco estuvo a la altura de su categoría. Algún detalle suelto y un descarado manejo del pico de la muleta.

Aparicio lo intentó con el capote, pero no dejó nada para el recuerdo. Su animal tenía una embestida descompuesta, pero el torero tardó más de diez minutos en conseguir un natural y un remate por bajo.

El que estuvo mal de verdad fue Finto. Le devolvieron su novillo y el sobrero estaba mocho. Además, no era bueno, lo cual no fué motivo para que el torero pasara el quinario que pasó. Sin ideas, sin recursos y a punto de perder los papeles. Abrieron plaza los rejoneadores hermanos Domecq, que brillaron con las banderillas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 20 de febrero de 1995