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Flores d'Arcais: "Hay que recuperar al individuo de las garras de la verdad absoluta"

El filósofo italiano presenta en España su obra 'El desafío oscurantista'

Director de Micro Mega, una de las revistas de referencia de la izquierda italiana, Paolo Flores d'Arcais es un pensador atípico. Lo es, por la valentía con la que asume los asuntos más espinosos. Pero, también, porque su discurso escapa de la tentación de las proclamas altisonantes y prefiere la voz queda de los argumentos y de la transparencia. Anagrama publica ahora El desafío oscurantista, un ensayo que lleva como subtítulo Ética y fe en la doctrina papal, pero en el que Paolo Flores d'Arcais va mucho más allá del análisis de lo que constituye estrictamente el núcleo de la ideología de Juan Pablo II.

"No es un libro que trata sólo sobre el Papa", explica. "Más bien es un texto mixto que se ocupa de, las polémicas ideológicas de nuestro tiempo y que se detiene en lo que ocurre cuando progresivamente se va imponiendo una ideología de la pertenencia frente a un pensamiento que defiende la ética del individuo. La fascinación que despierta Wojtyla no sólo dentro de la Iglesia católica, sino también en muchos círculos progresistas, se produce porque su discurso constituye un modelo coherente que apuesta por el triunfo de una ideología cerrada, de la que se desprende una lógica de la obediencia y un regreso de las viejas esencias inmutables. Frente a esto, hay que recuperar al individuo de las garras de la, verdad absoluta".Es cierto: El desafío oscurantista constituye un minucioso repaso de las trampas y ambigüedades de las que se vale el pensamiento de Wojtyla para tapar los agujeros que no ha sabido llenar el proyecto ilustrado de una modernidad, "inconclusa y por reinventar" en palabras de Flores d'Arcaís.

Paisaje contemporáneo

El libro, sin embargo, no sólo va derrumbando una a una las estrategias a las que recurre este nuevo oscurantismo para imponerse como discurso dominante, sino que se detiene a analizar todos aquellos acontecimientos que delimitan el paisaje de nuestra época: desde la caída del muro de Berlín a la guerra del Golfo; del caso Rushdie a los equívocos del "multiculturalismo"; de la irrupción de las bandas urbanas con su culto gregario al individuo desafiante a los falsos elementos liberadores del politically correct; del regreso de los fundamentalismos islámicos a las tareas pendientes de la democracia."Lo peligroso del momento presente es el triunfo del grupo homogéneo, donde se diluyen las responsabilidades personales, frente a la autonomía del individuo. Cuando el énfasis se pone en la pertenencia a una colectividad étnica, religiosa, tribal...- y se evita asumir, por tanto, los riesgos de las propias decisiones se desvirtúa por completo el desarrollo de la democracia. La crisis de ésta se desencadena, precisamente, cuando el ciudadano empieza a comportars como si no tuviera nada que ver con ella, dando por hecho que es cosa de profesionales y de burócratas. De lo que se trata, por tanto, es de reinventar las fórmulas de una democracia que sea e verdad representativa y en la que las iniciativas de los ciudadanas se traduzcan en hechos concretos y no en meras abstracciones sin contenido real".

Fernando Savater, que ha escrito el prólogo de la edición española de El desafío oscurantista insistió en la presentación del libro en la lucidez con la que Flores d'Arcais denuncia, no sólo los oscurantismos de los discursos papales, sino también las dimisiones del pensamiento laico.

Un pensamiento que ha abandonado; muchas veces, su dimensión crítica, seducido por regreso de lo sagrado que llega corriendo para llenar ese "suplemento de alma" que los individuos añoran como una tarea inconclusa de la modernidad.

Contra las ilusiones de la fe y contra la obediencia ciega a cuaquier valor absoluto, y con la valentía de asumir que no hay fórmulas ni modelos universales. Paolo Flores d'Arcais no tiene miedo a criticar el falso mito de las soberanías nacionales y a defender como asunto prioritario la defensa de los derechos civiles de los individuos. Recuperar el aliento laico como motor de la existencia concreta de cada un frente al manto protector de un iglesia; la finitud y el azar frente a la quimérica promesa del más allá que posterga el compromiso con el presente: en definitivo conquistar el espíritu crítico frente a las oleadas integristas. El único desafío sensato.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 10 de diciembre de 1994