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Crítica:CINE

Emborronado dibujo realista

En Reality bites el cine norteamericano vuelve el manido esquema "chico busca chica, chico se pelea con chica, chico se reconcilia con chica", pero con el interesante añadido adicional de acercarse a una nueva generación a través de un grupo de cuatro amigos.Centrada en el personaje de Lelaina Pierce, narra cómo tras graduarse en 1994 con las mejores calificaciones debe enfrentarse con la dura realidad. Alquila una casa y se va a vivir con tres amigos de veintipocos años, pero, mientras graba un vídeo sobre sus vidas, es despedida de su trabajo, no encuentra otro y cae en una depresión impulsada por su desconcierto sentimental.

El atractivo de Reality bites, título del vídeo que la protagonista realiza sobre su grupo, reside en acercarse con una buena dosis de realismo a un grupo de jóvenes que tratan de abrirse camino en la vida. Sin olvidar que Winona Ryder es una gran actriz y logra dar mucho brillo al personaje de Lelaina Pierce, destacando mucho, quizá demasiado, sobre el resto de actores.

Reality bites

Director: Ben Stiller. Guionista: Helen Childress. Fotografía: Emmanuel LubezkI. Música: Karl Wallinger. Estados Unidos, 1994. Intérpretes: Winona Ryder, Ethan Hawke, Jeanne Garofalo, Steve Zalm, Ben Stiller. Estreno en Madrid: Ideal Multicines (V. O.), Rex, Luchana, Real Cinema, Parquesur.

Sin embargo, el resultado aparece dañado por demasiados defectos. En primer lugar, los personajes son tan norteamericanos que pueden resultar extrañas e incomprensibles algunas de sus motivaciones. Y, sobre todo porque el debutante director Ben Stiller, que también encarna en su calidad de actor a uno de los personajes principales, demuestra estar demasiado verde.

En especial por la mal digerida presencia que la televisión tiene en la película. No sólo porque los personajes la ven constantemente y la protagonista trabaje en ella, sino, en concreto, por el mal aprovechamiento que hace del vídeo que rueda su principal personaje, la excesiva importancia concedida a sus dubitativas imágenes y la abusiva repetición de ellas. Y también por lo mal rodada que está.

Proveniente del campo de la televisión y con la excusa de jugar con ella en su primera película, Ben Stiller consigue que la torpeza del vídeo que rueda su protagonista se traslade a su película con muy malos resultados visuales y narrativos. Esto, unido a una irregular construcción dramática donde la historia tarda demasiado en empezar y luego se acumulan demasiados finales, hace que el en principio interesante dibujo realista que pretende resulte demasiado emborronado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de noviembre de 1994

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