Un maestro
José Menese sigue en el magisterio del cante. Pasa, a veces, por momentos de relajación de su propia exigencia personal, tan rigurosa, en que los malos mengues se cuelan de rondón y siembran cierto desconcierto. Pero pasan pronto. Este es un cantaor de cuerpo entero, que se crece en las horas negras y reacciona con el arma de mejor ley de que dispone: su cante.José Menese, a capa descubierta -es decir, sin megafonía-, hizo un ejercicio admirable de honestidad artística, de generosidad y de entrega. Cantar en esas condiciones cerca de dos horas es casi un acto heroico. Y hacerlo en trance de perfección es un milagro. Un José Menese distendido, que se encontraba "a gusto" según declaró, estableció un clima coloquial con la audiencia que llenaba la sala.
Recital de José Menese
Con Antonio Carrión a la guitarra. Teatro Alfil. Madrid, 23 de septiembre.
Y cantó, cantó mucho y bien. Una docena de estilos flamencos, entre ellos algunos de los más difíciles de este arte: la caña, la petenera, soleares, siguiriyas, la terrible toná... Menese cantó profundizando con amor en los tercios, con poderío y delicadeza a la vez, dialogando con la guitarra -espléndido el joven Carrión-, como cantan los grandes cantaores cuando se están gustando. Lo dicho: un maestro.


























































