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Unos 70.000 manifestantes concluyen en Buenos Aires la marcha contra Menem

La llamada Marcha Federal, organizada por los sindicatos disidentes de la central única de trabajadores, que se inició hace tres días en los pueblos más distantes de Buenos Aires, concluyó ayer en la plaza de Mayo con un acto al que asistieron unas 70.000 personas. Nunca antes, en los cinco años de Gobierno que cumple el próximo sábado el presidente argentino, Carlos Menem, se había enfrentado a una demostración tan contundente de oposición a su política económica. Los eufóricos líderes gremiales convocaron a la realización de una jornada de paro nacional el próximo 2 de agosto.

Las cámaras de televisión instaladas en los helicópteros de la policía retransmitieron en directo a la residencia presidencial unas imágenes que parecían tomadas en el lejano pasado de la política argentina: la plaza de Mayo colmada de manifestantes, cubierta de pancartas y carteles con las siglas de identificación de los sindicatos y partidos políticos que adhirieron al acto. En el palco principal, montado delante de la Casa Rosada, la sede del Gobierno, acompañaban a los oradores representantes de toda la oposición.Estaban allí el rector de la Universidad de Buenos Aires, el presidente de la Federación Agraria, la presidenta de las Madres de la Plaza de Mayo, el presidente de la Federación Universitaria, el portavoz del ex presidente Raúl Alfonsín, otros representantes del radicalismo, el principal partido de la oposición, el dirigente gremial Saúl Ubaldini, ex secretario general de la Confederación General del Trabajo (CGT), la central que declaró 14 paros generales contra el Gobierno que presidía Alfonsín, y, sólo por un momento, el ex teniente coronel carapintada Aldo Rico.

Los ocho oradores -cuatro representando a cada una de las zonas del país desde donde llegaron las caravanas de autobuses y otros cuatro a los principales sindicatos convocantes- hicieron una descripción del estado de "miseria" en que se encuentran las economías regionales y coincidieron en reclamar al ministro de Economía, Domingo Cavallo, "que cambie su plan o que se vaya".

El momento más emocionante del acto se alcanzó cuando le tocó el turno de hablar al dirigente Carlos Santillán, apodado El Perro, un líder gremial del noroeste que encabezó las rebeliones populares en la región. Con lo que le quedaba de voz después de tres días de viaje y de una sucesión de actos públicos en pueblos y ciudades, Santillán dijo que sólo había venido hasta aquí "para dar testimonio de la miseria y el hambre que sufren en el norte miles y miles de compatriotas".

Los militantes con los bombos peronistas y tambores que llevaba cada columna de manifestantes estremecieron a la ciudad con su redoble. La policía se había desplegado con sus vehículos y estaba preparada para reprimir, pero la concentración acabó sin que se registraran actos de violencia, a pesar de los temores sobre eventuales provocaciones que tenían los organizadores de la marcha.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 7 de julio de 1994

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