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El fin del 'grunge'

Los acelerados cambios crean espasmos en las firmas de moda

El destino de la moda es pasarse de moda. Pero incluso algo tan veleidoso necesita un tiempo para procurar rentabilidad. Sara Lee, una compañía que fábrica desde leotardos hasta pasteles de queso, ha empezado a sufrir problemas con la variación de los gustos. Mientras su repostería marcha bien, un giro en las preferencias ha empezado a comprometer su negocio de ropas. El problema radica en que ahora se ve en una situación financiera bastante apurada debido al descenso de ventas.Los cambios de moda son temibles para las empresas de moda. Una especie de amenaza mortal y genética contra la que se exige diversidad, flexibilidad y, a menudo, una capitalización alta. En 1984, una acción de Nike, recién fundada por unos jóvenes que desafiaban a Adidas, se podía adquirir por 3,30 dólares. Ocho años más tarde, cuando las zapatillas de deporte eran furor, Nike vendía cada título por un precio 30 veces más alto.

Poco después, sin embargo, llegó la moda grunge. Las ropas exhaustas, el pelo graso de Seattle, las cazadoras de cuero, las zapatillas corrompidas y las botas de peón. En un año, las acciones de Nike bajaron de 90,30 a 43 dólares. Era a finales de 1993... Entretanto, mientras triunfaba la música de Nirvana, Timberland vendía todas las botas de cuero capaz de fabricar y cotizaba a 85 dólares. Un año antes sus acciones estaban a nueve dólares.

No termina aquí la historia. La pesantez de lo parduzco ha empachado pronto los estómagos y la moda de la bota grunge declina en el horizonte de la próxima temporada. Como presagio, las acciones de Timberland han sufrido una baja en su cotización de los 85 a los cuarenta y tantos dólares actuales. La volubilidad consustancial del sector ha acentuado sus asechanzas en los últimos años. De hecho, la moda ha adquirido un grado espasmódico que preocupa a los profesionales. Distinguir entre tendencia y novedad es una de las primeras consignas que aconsejan sus expertos. La novedad es altamente efímera y hay que armarse frente a ella. Como prevención, y política de ventas también, en EE UU existen tiendas cuyos estantes mantienen una colección prevista para un máximo de 12 semanas. La novedad es su mundo. La tendencia por contraste está basada en algo social más consistente. La bota sería tendencia si del examen sociológico se dedujera que el público ha decidido irse a vivir al campo. En la medida en que sólo se trata de alardear en la ciudad, su sentido se desvanece pronto. ¿La tendencia próxima? Ropas cómodas, sencillas, duraderas. La búsqueda de la simplicidad se aviene con el espíritu depurador del fin de siglo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 12 de junio de 1994