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Alvin Toffler: "Lo que tenemos son sistemas políticos obsoletos"

El escritor norteamericano, de 64 años, publica su libro 'Las guerras del futuro'

En 1970, Alvin Toffler convirtió en best seller su libro El shock del futuro. Como un nuevo visionario, se adelantó al tiempo y muchas de sus profecías se cumplieron. Después escribió La tercera ola (1980) y El cambio del poder (1990). Para continuar la trilogía no ha esperado diez años. El próximo miércoles se publica en España Las guerras del futuro, en el que Alvin Toffler y su mujer Heidi trazan un panorama sombrío del porvenir, repleto de conflictos violentos. "Tenemos sistemas políticos obsoletos, que no saben cómo actuar en una sociedad de la información que sufre un creciente malestar", afirma el escritor.

"Creo que en el futuro vamos a ver muchos conflictos violentos, los llamemos o no guerras. La mayoría de ellos serán pequeños y circunscritos a zonas determinadas de ciertos Estados, y no hay ninguna razón para pensar que los demás países tengan que intervenir. Incluso Estados Unidos no puede prevenir estos conflictos, ni debería implicarse en ellos". Este es el complicado panorama que Alvin y Heidi Toffler pronostican en su último libro, Las guerras del futuro, que saldrá a la venta en España el próximo miércoles.Los Toffler, que celebraban el pasado 29 de abril -él en Washington, con un grupo de periodistas españoles, y ella en Los Ángeles- su 44º aniversario de boda, han acuñado modelos y expresiones imprescindibles en los análisis de futurología. Su última obra es una prolongación de la trilogía que les ha hecho famosos -El shock delfuturo, 1970; La tercera ola, 1980, y El cambio del poder, 1990- y el modelo que aplica es el mismo: los conflictos resultantes del "choque de las olas" que corresponden a los diferentes modelos de civilización -el agrario, el industrial y el que se basa en la información y el conocimiento- y las nuevas herramientas de análisis que deben emplearse.

Alvin Toffler cree que la mayoría de los políticos "no tienen ni la más remota idea" de cómo responder a los nuevos desafíos de la tercera ola. "Lo que tenemos son sistemas políticos obsoletos que no saben cómo actuar en la sociedad de la información, una sociedad que sufre un creciente malestar y altos niveles de imprevisibilidad". Una solución -aunque Alvin Toffler reconoce que no tiene respuestas para la mayor parte de los problemas que plantea- sería que "los sistemas políticos actuales pasen por un proceso de perestroika, porque están fundados sobre conceptos de la época de la industrialización y la mayoría de la gente ya no cree en esos conceptos". Toffler compara la paciente labor de Gramsci y el periódico L'Unitá con la fulgurante carrera política de Berlusconi y su uso electoral de la televisión para ilustrar la velocidad de los cambios, y advierte contra la rapidez de respuestas a las crisis que los medios de comunicación exigen a los gobernantes.

Burocracia

Otro de los objetivos de las críticas de Toffler es la ONU: "Naciones Unidas tiene 175 países, la mayoría de los cuales son o dictaduras o sistemas corruptos, y ésos son los responsables de las decisiones. No tengo mucha confianza en la ONU: es una organización típica de la segunda ola, con un enorme exceso de burocracia". Toffler sugiere que cualquier cambio en la estructura de Naciones Unidas debe integrar al mundo empresarial, a las grandes religiones y a los organismos no gubernamentales: "La reestructuración debería contar con todo aquello que represente a las verdaderas fuerzas en el mundo".

En Las guerras del futuro, los Toffler plantean una renovación de las armas intelectuales necesarias para hacer la paz. En la transición de la época industrial a la era de la comunicación, "la mayor parte de lo que sabemos sobre la guerra y la antiguerra está peligrosamente anticuado. No se trata de juzgar moralmente el odioso hecho de la guerra, sino de llevar a cabo un replanteamiento de las relaciones entre la guerra y una sociedad que cambia a toda velocidad".

Toffler cree que el papel jugado por norteamericanos y europeos en el conflicto de Bosnia es "escandaloso, si no criminal", y que, entre otras cosas, Occidente ha enviado este mensaje a mil millones de musulmanes: "Nos da igual que seáis extremistas o moderados, religiosos o laicos: no os vamos a defender". "Se ha hablado mucho de levantar el embargo de armas sobre los musulmanes, y no hemos hecho nada para levantar el embargo de comunicaciones que sufren los bosnios: no les hemos dado faxes, ni ordenadores, ni tecnología con la que puedan contar al mundo su situación". De Bosnia a Somalia, de las guerras, con publicidad a las guerras anónimas -"nunca he visto nada sobre las cosas terribles que pasan en Sudán"-, Alvin Toffler sentencia: "El ángulo de la cámara, y no el del cañón, es el que determina la prioridad política".

Toffler esquiva graciosa pero firmemente toda pregunta relacionada con España y es voluntariamente vago con respecto a Cuba -"Fidel debería dejar paso a una generación más joven"-, pero no tiene pelos en la lengua al hablar del Gobierno norteamericano: "Lo único que le preocupa a Clinton es lo que van a contar los telediarios de la noche".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 1 de mayo de 1994