Espacio y temblor
En su apariencia más inmediata, el trabajo reciente de Juan Gopar parece inscribirse dentro del territorio acuñado desde el sector más extremo de las vanguardias no objetivas, aquél cuyos referentes históricos más próximos se situarían en primer lugar, obviamente, en las corrientes minimalistas, pero también, desde determinados rasgos, en esa combativa vertiente de la abstracción francesa que conocimos como "soporte-superficie" o "pintura-pintura". Hay varios aspectos en esa analogía: la depuración compositiva, centrada en relaciones ortogonales, y también el énfasis en la condición objetual de estas piezas, tanto cuando asimilan el plano de color a una lámina superficial, como cuando, por el contrario, acentúan su carácter de volúmenes en diálogo con el espacio. En esa línea incide asimismo el distanciamiento virtual creado por su elaboración en resina de poliéster.
Juan Gopar
Galería Gamarra y Garrigues. Avenida del Doctor Fourquet, 12. Madrid. Hasta finales de abril.
Sin embargo, la apuesta de Gopal tiene su origen y vocación fundamental en una estrategia de sentido muy distinto al de la radicalidad analítica de los modelos con los que parece, en principio, emparentado. Bien al contrario, su obra nos remite, desde la vibración atmosférica del color y la memoria sensual que le da origen, a una poética de claras resonancias naturalistas cuyas raíces sugieren, antes bien, esa otra estirpe en la que se acuña, desde Rothko y Newman hasta Agnes Martin, el flujo más espiritual de la abstracción. Y así brota el mejor atractivo del trabajo de Gopar: el cruce que establece entre rigor y temblor.


























































