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José Guerrero o la poesía del color

Hoy se abre al público en el Reina Sofía una retrospectiva del artista granadino

José Guerrero (1914-1991) fue el máximo representante español del informalismo abstracto norteamericano. Instalado en Nueva York desde 1950, el artista granadino se adentró en las tendencias artísticas del momento con una obra que formalmente fue paralela a la de Rothko, Lindner, Stamos, Newman, Steimberg o Motherwell. Guerrero aportó el color. El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS) abre hoy al público una retrospectiva del artista integrada por 65 pinturas fechadas desde 1950 hasta 1990.

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El uso del color que tanto alabara Motherwell en la obra ya informalista de Guerrero, fue, desde un primer momento, la nota más característica de este artista que dejó su Granada natal después de la guerra civil para trasladarse a Madrid para estudiar en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. Paisajes y retratos, siempre con llamativos colores atribuidos a su origen andaluz, marcan las obras de esta etapa madrileña que terminaría cuando Guerrero decide trasladarse a París después de la liberación de capital francesa.En París, Guerrero se empapa de las corrientes vanguardistas del momento, que entonces están definidas por Pablo Picasso, Klee o Matisse. Poco después conoce a una periodista norteamericana, Roxane Pollock, con la que se casa y decide trasladarse con ella a Nueva York; una decisión que le permitirá entrar de lleno en el impresionismo abstracto, la forma de expresión artística más genuinamente norteamericana.

La exposición que hoy se abre al público en Madrid arranca de las obras que Guerrero hace a partir de ese momento, de "cuando Guerrero ya es Guerrero", según señaló ayer María Corral, directora del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Fuera quedan los paisajes realizados anteriormente. La retrospectiva arranca desde el momento en el que Guerrero opta sin titubeos por la abstracción, porque "a través de ella se pueden decir muchas más cosas que de ninguna otra manera", según explicó en algún momento el propio artista.

La retrospectiva ha sido dividida por la comisaria de la exposición, Marta González, en cinco apartados. En el primero están las pinturas en las que predominan las formas flotantes que le perseguían desde niño: lunas, gitanas siempre embarazadas, juguetes; obras todas ellas ligadas a imágenes de Joan Miró o de Paul Klee. En el segundo apartado están las obras agrupadas bajo la etiqueta de expresionismo abstracto. La tercera está formada por las series dedicadas a las fosforencias, las piezas más divulgadas de su obra. El cuarto apartado incluye los lienzos considerados más compactos y ocupados generalmente por colores únicos. El quinto apartado es un espacio para la nostalgia: las últimas piezas creadas para la FIAT de París y la obra expuesta en la galería barcelonesa Carles Taché.

Ayer, la viuda y los dos hijos del artista agradecieron a los periodistas, durante la presentación de la exposición, que la muestra se haya podido realizar con lo que consideran que es la mejor obra de su padre y que se podrá ver hasta el próximo 9 de mayo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 1 de marzo de 1994