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Crítica:TEATRO
Crítica

Ternura de circo

La metáfora es una estación de metro: en un andén estamos nosotros, a los que se nos supone integrados, y en la de enfrente, los frágiles y desgraciados marginados. El tren se detiene en nuestro andén, pero no en el suyo, donde están condenados hasta la muerte. Como algunos mendigos cantan y bailan para nosotros: la pareja de circo está utilizada por estos dos personajes como en otras obras de teatro de este corte del absurdo y la vanguardia: sin olvidar, claro, Esperando a Godot. Tragicómicos, sentimentales, tiernos. Cargados de ingenuidad primaria y lenta.Los dos actores son también los autores de lo que llaman guión: lo que dicen, lo que actúan o cantan (mucho; sin duda como una concesión al público, que podría aburrirse sólo con palabra y tanto gesto), ayudados y resaltados por la dirección de Pape Pérez, en el que se advierte una entrega total a la obrita. Y, desde luego, de su contenido social, antirracial, igualitario, más bien ácrata. La lección debió de ser bien aprovechada por los de este lado del andén, por la insistencia de sus aplausos.

Zanahorias en el vientre de la bestia

Guión e interpretación: Adolfo Fernández y Ales Furundarena. Músico: S. Ramos. Escenografía: J. Ibarrolá. Director: Pape Pérez. Compañía Dar-Dar y Julio Perugorría. SalaLa Cuarta Pared. Madrid, 2 de febrero.

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