Crítica:Crítica
i

Visionarios paisajes musicalizados

Cuando hace unos años comencé a contemplar las pinturas de Alberto Reguera por primera vez en el Círculo de Bellas Artes, me sorprendió positivamente que tanto los procedimientos plásticos como el lenguaje pictórico del joven artista eran realmente personales. En un momento en el que todos los artistas pretenden ser originales, resulta más que sorprendente encontrar a alguien que es capaz de definir con claridad su lenguaje pictórico y hacerlo, además, a través de unos procedimientos propios.La técnica desarrollada por Alberto Reguera consiste básicamente en aplicar sobre el lienzo sucesivas capas de pintura acrílica en colores muy vivos; sobre estas capas, aún tiernas, el artistas rastrillea desvelando a girones los diferentes estratos cromáticos de la pintura y, por último, espolvorea pigmentos, consiguiendo así diversos juegos de texturas y tornasolados de colores. Estos procedimientos ofrecen unos resultados plásticos sorprendentes, pero, como toda innovación meramente técnica, corre el riesgo de consumirse en su propia aplicación mecánica; sin embargo, Alberto Reguera nos demuestra su talla de artista, al saber evolucionar sobre sus presupuestos y técnicas para ofrecer ahora una exposición en la que se muestran cuadros en los que, sin abandonar sus procedimientos habituales, se hace evidente su deseo de dejar en el lienzo la huella de la mano, anadiendo la pulsión del gesto de la pincelada.

Alberto Reguera

Galería Bárcena & Cia. Fernando VI, 13. Madrid. Hasta el 15 de febrero.

Pinturas sin figuras

-Son las suyas unas pinturas sin figuras en las que la superficie del cuadro es sólo un inmenso fondo formado por texturas plásticas muy coloristas. Estos fondos, que empezaron siendo bandas horizontales, en los últimos cuadros han cobrado una apariencia más caótica y compleja. Una vez disuelta la estructura de bandas, la materia y el color fluyen configurando unos paisajes imaginarios sin referencias a la naturaleza visible que guardan cierto aire de familia con la pintura romántica y con las ensoñaciones acuáticas del Monet de Giverny.Su intención es pintar lo que no se ve en la realidad visual; por eso podríamos calificar estas obras de paisajes emocionales, de representación de atmósferas que fluyen por la imaginación del pintor como la música lo hace en la del músico.

insiste Reguera en la relación de su pintura con lo musical, aunque carece ésta de una estructura interválica o de una armonía canónica, pero tiene razón en establecer esta similitud en lo que tienen estos cuadros de representación de un universo sonoro. Estos lienzos pretenden transformar imágenes de lo cotidiano en iluminaciones visionarias.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 23 de enero de 1994.

Archivado En:

Te puede interesar

Lo más visto en...

Top 50