Crítica:FLAMENCOCrítica
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El genio se llama Morente

Otro concierto memorable de Enrique Morente. El cantaor se halla en momentos de plenitud tal que siempre que actúa hace historia. Esta vez el público era joven y en teoría no demasiado entendido -aunque hubiera también mucho aficionado de solera y mucho profesional del flamenco, pues Morente tiene clientela fija entre ellos-, y sin embargo fue escuchado con un respeto ejemplar.A priori, podría esperarse que Morente hiciera un concierto ligero, no demasiado jondo, y la verdad es que combinó con admirable equilibrio lo aparentemente fácil y lo más dificil. Su cante por seguiriyas, que remató con la cabal de Silverio, fue absolutamente portentoso.

Semejante grandeza hubo en algunos otros de sus cantes: la taranta, el polo, la soleá petenera... Géneros todos difíciles, que en la voz de Morente adquieren personalidad propia, matices exclusivos de este cantaor que en el panorama del flamenco actual se nos presenta como una isla de inventiva y creatividad. Ciertamente, en estos tiempos en que nos quejamos de la tremenda sequía creadora que aqueja al cante, habría que preguntarse ya hasta qué punto es justo que le hurtemos a Enrique Morente la atribución de determinadas formas de cante a las que él ha puesto un cuño personalísimo e intransferible.

Recital de Enrique Morente

Con Juan, Pepe y José Miguel Carmona, Habichuelas (guitarras), Tino Di Geraldo (percusión) y coros.Revólver Club. Madrid, 16 de diciembre.

En cualquier caso, es indudable que hoy nada que cante Morente sonará igual a como lo haga otro cantaor. Lo que el gen o de Morente nos regala es quizá el mejor cante que hoy puede oírse, porque es vivo, fresco, actual, apoyado en una música suntuosa que le prestan estos tres formidables Habichuela.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 17 de diciembre de 1993.

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