Una mujer en la Cámara
La noticia de que una mujer de ojos sinceramente preocupados llamada Tuyán Al-Faisal fuera elegida diputada en las elecciones jordanas debió enviar escalofríos a los anacrónicos regímenes del resto del mundo árabe. ¿Es posible que las mujeres no sólo tengan voto (caso de por sí extraordinario) sino que dispongan de una voz audible en el Parlamento de una sociedad tradicionalmente machista? En Jordania, la respuesta era ayer felizmente afirmativa.La señora Al-Faisal, de 44 años, una mujer de rostro serio, aplomo engañosamente cinematográfico y, lo que es más importante, de criterio amplio, es desde ayer una especie de rara avis en Oriente Próximo. Con la excepción, naturalmente, del Irán revolucionario, donde las mujeres sí que cuentan.
Pero ese es un dato que se ignora deliberadamente en Occidente.
La señora Al-Faisal, una elocuente periodista de la televisión jordana, ha pasado a la política, y de paso a la historia, como una de las beneficiarias del proyecto de cambio democrático del rey Hussein.
Era una de las tres candidatas entre los más de 400 aspirantes a obtener un escaño en la Cámara Baja. Lo consiguió a pulso. En las elecciones de 1989 se presentaron doce mujeres. Ninguna tuvo éxito.
Naturalmente, muchas mujeres jordanas descubrieron entonces que sus posibilidades eran más que limitadas y se resignaron. La señora Al-Faisal no. En el mundo árabe, la mujer todavía tiene la desventaja de ser mujer. Y no sólo en el campo político.


























































