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La CE pasa a constituirse hoy en Unión Europea

"Por el presente tratado, las altas partes contratantes constituyen entre sí una Unión Europea". Así empieza el tratado que entra hoy en vigor, 22 meses después de su adopción en Maastricht por los jefes de Estado y de Gobierno y 10 meses después de lo previsto, debido al retraso en la ratificación en Dinamarca, Reino Unido y Alemania. Nada sustancial cambiará hoy mismo. La Comunidad Europea (CE) seguirá existiendo, aunque será usual empezar a utilizar la denominación de la Unión Europea. También seguirán existiendo los Estados independientes y soberanos. Pero los textos que hoy tienen fuerza de ley están dirigidos a que los Doce y los que se asocien consigan una moneda única y una unión política antes de fin de siglo.

Hoy mismo habrá algunos pequeños cambios, naturalmente. Por ejemplo, cualquier ciudadano europeo podrá acogerse a la protección diplomática de otro país de los Doce cuando el suyo no tenga representación en el lugar perdido del mundo donde se halle. Muy pronto, en cuanto el Parlamento Europeo nombre al defensor del pueblo, los ciudadanos de la Unión podrán recurrir directamente a esta nueva instancia de reclamación

También, antes del 15 de enero, las regiones y los entes locales tendrán por primera vez representación propia y diferenciada en una institución de la Unión Europea, el Comité de las Regiones. Tal Comité tiene por el momento funciones consultivas en cuestiones como la educación, la cohesión económica y social, las redes transeuropeas, la salud pública y la cultura. Los españoles contarán con representación en él a través del presidente de su autonomía y, en algunos casos, de sus alcaldes o presidentes de Diputación.

Más modificaciones: en las próximas elecciones para el Parlamento Europeo, convocadas para junio, los ciudadanos de la Unión serán electores y elegibles en cualquier país donde se encuentren. El Parlamento, además, tendrá mayores poderes, mediante un complejo procedimiento llamado de codecisión que sustituye al de cooperación utilizado hasta ahora.

Lo más sustancial del Tratado es el proyecto de Unión Económica y Monetaria, que llevará a instalar el próximo 1 de enero un nuevo organismo, el lnstituto Monetario Europeo (IME), en la ciudad alemana de Francfort. Lo presidirá el economista belga Alexandre Lamfalussy y tendrá como objetivo pilotar la segunda fase de la Unión Económica y Monetaria (UEM) en su marcha hacia la moneda única.

Entre las tareas que acompañan a esta segunda fase los ministros de Economía y el propio Consejo Europeo deberán aprobar en diciembre próximo unas orientaciones sobre la política económica europea.

Coordinar las economías

El IME prefigura el futuro banco central europeo y constituye un reforzamiento del actual comité de gobernadores de los Doce. Aunque tiene como misión preparar incluso los aspectos más materiales de la moneda única, como es la emisión del papel moneda, la pésima situación en que se halla la convergencia económica y las escasas posibilidades de llegar al ecu en la primera cita establecida por el Tratado (1 de enero de 1997), obligarán a la nueva institución a concentrarse en la coordinación de las economías de los Doce.

Dos grandes novedades del Tratado, que empezarán a tener hoy vigencia, son los llamados segundo y tercer pilar: la llamada Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) y la política judicial y policial, respectivamente. La primera tiene como objetivo que Europa llegue a actuar con voz única en el mundo, sea capaz de defenderse a si misma y resuelva los problemas de seguridad del continente y aledaños. La segunda debe llevar a resolver la seguridad interior en el espacio sin fronteras.

Los avances en estos dos pilares no se percibirán hasta que distintos consejos de ministros pongan a punto las llamadas acciones comunes. Éstas implican, primero, que el Consejo determine el objetivo de una actuación de los Doce mediante un voto por unanimidad, y luego que se desarrolle la decisión por mayoría cualificada.

Las primeras acciones comunes estarán dedicadas a poner en marcha un plan de paz para Europa que impida guerras como las de los Balcanes, terminar la guerra en Bosnia, y ayudar a la paz en Oriente Próximo, y a la democracia en Rusia y en África del Sur. También a resol ver los problemas vinculados al derecho de asilo, extradiciones y visados. Los primeros pasos de la Unión Europea se juzgarán, de hecho, por el comportamiento de las economías y por el funcionamiento de estos dos pilares.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 1 de noviembre de 1993

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