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NUEVOS AIRES PARA EL PRADO

Calvo Serraller, nuevo director del Prado

El historiador y crítico de arte anuncia que revisará la colección permanente

Francisco Calvo Serraller, de 45 años, catedrático de Historia del Arte y crítico de arte de EL PAÍS desde la fundación del diario, es el nuevo director del museo del Prado. Su candidatura fue presentada ayer por la ministra de Cultura al patronato del museo, reunido en sesión extraordinaria, que dio su consentimiento. El ahora responsable de la mejor pinacoteca de pintura antigua del mundo, que será nombrado en el Consejo de Ministros del viernes, anuncia que su primer objetivo es revisar la colección permanente y explica que se ha decidido a aceptar el ofrecimiento de Carmen Alborch porque los tiempos de crisis tienen la ventaja de que se pueden sustituir las inversiones por la política y la planificación. El anterior director, Felipe Garín, dice que ha terminado una etapa y prefiere "cambiar de aires" y reflexionar.

Francisco Calvo Serraller, madrileño de 45 años, historiador y crítico de arte de EL PAÍS desde la fundación del periódico, es el nuevo responsable de lo que los expertos consideran como la mejor colección de pintura antigua del mundo: el Museo del Prado. Aunque el nombramiento está pendiente de la aprobación el próximo viernes por el Consejo de Ministros, Calvo Serraller tiene ya las ideas muy claras sobre las primeras necesidades del museo. No en vano su vida profesional está estrechamente vinculada al mundo del arte a través de la enseñanza, la crítica y las publicaciones.

Ligado aparentemente más a la plástica contemporánea que al arte antiguo, Francisco Calvo dice que después de más de quince años de crítica de arte Contemporáneo, no podría ocuparse de esa parcela específica porque "no se ejerce impunemente. Puede que la gente, en general, me vincule más al arte moderno, pero mi especialidad es el siglo XVII".Calvo Serraller había tenido ya en otras ocasiones la oferta de dirigir el Prado, pero hasta ahora no había considerado que fuera el momento oportuno para aceptar tal ofrecimiento. "La crisis tiene sus ventajas, porque las compras y las adquisiciones se sustituyen por la política y la planificación. Después de la locura expansiva de los años ochenta, cuando primaban las compras y las exposiciones espectaculares, la crisis obliga a reflexionar".

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Y en ese afán planificador tiene Calvo puestas sus máximas expectativas. "Lo que más ilusión me hace es poder evaluar y replantear la colección permanente. Hay que estudiar muy al detalle que es lo que se exhibe y que es lo que falta. Después de aclarar los límites de los siglos XIX y XX y cómo deben ser las obras exhibidas de una manera correcta, puede ocurrir que no se necesite más espacio. Lo mismo resulta que no hace falta ampliar". Aún antes de ese replanteamiento de la colección permanente, Calvo no se muestra partidario de que el museo se extienda hacia el edificio del Ministerio de Agricultura y, por el contrario, prefiere que crezca hacia sus extremidades naturales: las dependencias que ocupa el museo del Ejército".

Del llamado Prado oculto, las más de 4.000 obras propiedad del museo que permanecen en los almacenes del edificio central y en diferentes organismos oficiales, Calvo Serraller dice estar casi seguro de que no hay ninguna gran estrella pictórica entre ellas. "Dudo mucho que entre esas piezas haya alguna que tenga que estar en la colección permanente. Otra cosa es que sean fundamentales para el estudio, la investigación, o que deban de formar parte de exposiciones temporales, pero no creo que entre ellas haya obras maestras indiscutibles ni piezas cuya belleza deba de ser contemplada obligatoriamente".

Calvo Serraller añade que ninguna de las grandes pinacotecas del mundo expone tantos fondos como el Prado. "Hay grandes museos cuya política de exhibición es incuestionable que no muestran más del 2% de sus fondos. El Prado expone más del 30% actualmente y puede que sea demasiado. Hay que ser muy riguroso con lo que se exhibe, porque una cosa es el interés científico que una obra puede tener para estudiar a un artista o un movimiento determinado y otro es el interés artístico que esa pieza puede tener por sí misma, que puede ser irrelevante".

Otro de los temas que más interesa a Calvo Serraller es aumentar el número de visitantes del museo, sin recurrir a lo que él llama exposiciones-espectáculo y de las que no es en absoluto partidario. "Estoy en contra de reclamos como el que se produjo con la exposición de Velázquez. Más, cuando, como en ese caso, la mayor parte de las obras pueden ser vistas por el público en las salas de Velázquez. Pero es cierto que algo hay que inventar para despertar el interés de la gente y que con aquel montaje se consiguieron beneficios económicos increíbles. Habrá que buscar nuevas fórmulas para dinamizar el museo".

Una de las causas de la pérdida de visitantes que ha sufrido el Prado, cree Calvo que puede deber al traslado del Guernica al Reina Sofía, una operación que el nuevo director dice ahora que no hubiera autorizado.

Tensión

Las relaciones conflictivas que existen entre los distintos cuerpos de funcionarios del museo han sido noticia en diferentes ocasiones. "Me preocupa esa situación tensa que parece vivirse dentro. Hay que entender que en algún momento ha habido cambios que han generado agravios y, en lugar de limarse asperezas, éstas han ido creciendo con el tiempo, pero espero que esto no sea un problema grave". El director añade que va a poner gran empeño en actualizar la infraestructura interna del museo y que esa puesta al día va a satisfacer a quienes trabajan allí.

Otra de los problemas a las que Calvo Serraller tendrá que hacer frente es a las críticas de los viajes de los cuadros de la pinacoteca. "No soy contrario a esos viajes, aún cuando se que sufren en esos traslados. Hay que ser muy riguroso en los préstamos, pero creo que la mayor parte de las veces son beneficiosos".

Y cuando se le pregunta si le obsesionan las lluvias, Calvo Serraller responde que encuentra estupendo que llueva sobre Madrid, pero no sobre el Prado y mucho menos encima de las pinturas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 20 de octubre de 1993