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Bartabás trae a España un inclasificable montaje de caballos, ocas y dromedarios

Teatro Zíngaro estrena hoy en Madrid su 'Ópera ecuestre'

Está instalado en una carpa gigante, pero no es un circo. Se llama Ópera ecuestre, pero no tiene nada que ver con un montaje de bel canto. El grupo se llamá Teatro Zíngaro, pero jamás se ha subido a un escenario a la italiana y no saben que es la cuarta pared. No son una compañía, sino una tribu con hombres y caballos; en el montaje bereberes y caucasianos que enfrentan sus dos culturas. Sus componentes hacen giras por Europa, varios meses al año, pero nunca han dormido en un hotel. Son 50 personas, que no son actores, una veintena de ocas vociferantes, un dromedario, tres asnos, 33 caballos, que sí son bellísimos equinos, y Bartabás, creador y defensor de un teatro de "instantes irrepetibles". Todos juntos estrenan hoy uno de los montajes que mayores expectativas ha creado, dentro del Festival de Otoño de Madrid.

Bartabás, creador y director del Teatro Zíngaro, un rudo francés de largas y espesas patillas, enfrenta en el espectáculo a las dos civilizaciones nómadas más antiguas, la bereber y la caucasiana, en un desafío mediante luchas vocales y actuaciones ecuestres. Unos representan las áridas estepas en las que el caballo puede sobrevivir sólo; otros las desérticas zonas del Atlas donde los equinos dependen del hombre. Según Bartabás, este encuentro norte-sur ha convertido este montaje en el más político del año, al menos en Francia.

Aún son muchas las personas que recuerdan a Bartabás, cuando acudió a Madrid, hace más de diez años, con el circo Aligre, uno de los grupos más provocadores y originales que se han visto por España en los últimos tiempos.

Ahora vuelve a Madrid con su propia compañía de 50 personas, un dromedario, tres asnos, una veintena de ocas, 33 caballos de 15 razas diferentes, y su gran carpa negra, instalada en la explanada junto al lago de la Casa de Campo. Después volverán a su catedral de madera instalada a las afueras de París, donde trabajan ininterrumpidamente ocho meses al año.

Nunca prescinde de sus caravanas, en las que viven y conviven, y de su particular concepción de lo que es un espectáculo: "Siempre recalco e insisto que moverme con toda esta parafernalia no es por cuestiones estéticas, sino porque lo que me interesa es el trabajo profundo, a largo plazo, con una compañía que perdure, que conviva", y añade: "Aquí nadie verá circo, aunque sí una técnica ecuestre depurada; nadie se encontrará una ópera clásica, aunque oirán unas bellas voces; ni siquiera pretendo que el público busque a alguien que monta muy bien a caballo, tan sólo quiero que el espectador viva emociones", dice Bartabás en un español atropellado, pero claro, que aprendió durante sus temporadas en España.

Esta forma, más que de trabajo, de vida, identifica al Teatro Zíngaro, con otros grupos francesas como el Teatro del Sol, de Arianne Mounouskhin o la compañía de Peter Brook. Donde no tiene precedentes el Teatro Zíngaro es en la utilización de los caballos.

Para él sus caballos son como para el bailarín su cuerpo o para el cantante de ópera su voz: "Creo emociones a través del arte del caballo, para que la fuerza de mis espectáculos radique en las imágenes y éstas se sientan primero en el estómago y después en la cabeza".

Quizá por ello, nunca ha llegado a poner texto a ninguno de sus espectáculos y presume de no pertenecer ni crear ninguna escuela. De hecho, inauguran festivales míticos, como el de Avignon, y seducen a la intelectualidad francesa, pero Bartabás reconoce que él rezuma incultura:"El bagaje cultural puede aniquilar la creación", dice este hombre que afirma sentirse identificado con Don Quijote, ya que al igual que él se ha creado un nombre, (el suyo legal no es Bartabás), una forma de vida y un mundo en su cabeza.

Bartabás, que piensa que es un problema falso separar entre espectáculos para niños y para adultos, o entre montajes intelectuales y pachangueros —"Al margen de que cada uno haga distintas lecturas", dice—, ha querido que en Madrid jubilados, parados, estudiantes y gente con carné joven tengan un 33% de descuento en la entrada, que vale 3.000 pesetas.

Hoy el Teatro Zíngaro tendrá sentado entre el público a Miguel Bosé, protagonista de Mazeppa, única película que ha dirigido Bartabás y que próximamente se estrenará en España.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 21 de septiembre de 1993