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La caja asiática de Buñuel

Todo el mundo sabe que los tiempos de la política están marcados por relojes y calendarios ajenos a las pautas de medida aplicadas al resto de las actividades humanas. Un prohombre de la Restauración expresó brillantemente esa peculiaridad del oficio al aclarar que una correcta interpretación de la tajante cláusula del nunca jamás con que había cerrado una intervención parlamentaria exigía el añadido de un flexible por ahora. Pero hasta las gentes más comprensivas con las peculiaridades de la profesión política se han visto desbordadas por la rapidez de la ciaboga -digna de la maestría de una trainera guipuzcoana- con que el presidente de la Junta y secretario regional del PSOE de Extremadura ha regresado a las aguas tranquilas de la disciplina tras su bravía insurrección con tra la cesión del 15% del IRPF a las comunidades autónomas. Al mediodía del lunes pasado, el vicepresidente de la Junta anunciaba, tras entrevistarse con el secretario de Estado de Hacienda, el firme rechazo del Gobierno extremeño a una fórmula considerada insolidaria e inconstitucional. Ocho horas más tarde, Rodríguez Ibarra, después de una conversación con el presidente del Gobierno, volvía grupas y comunicaba a los periodistas la aceptación del nuevo procedimiento de financiación autonómica.La razón dada por el presidente de la Junta para explicar su tumbativa conversión en el camino de La Moncloa es que Felipe González le acababa de mostrar un documento según el cual la aplicación del procedimiento para la cesión parcial del IRPF arroja unos resultados opuestos a los temidos por los extremeños. Por el momento, sin embargo, esa poderosa ecuación, capaz de extraer virtualidades benéficas de una fórmula hasta ahora diabólica, sigue siendo tan secreta como la bomba atómica. Una memorable película de Luis Buñuel -Belle de Jour- mostraba en la pantalla cómo la frialdad atemorizada de una Catherine Deneuve solicitada por un fornido asiático se transformaba en loca pasión después de que el cliente destapase -de espaldas al patio de butacas- una cajita para mostrarle su misterioso contenido, ante la desesperación de unos espectadores deseosos de conocer también esa oculta receta para la seducción amorosa. Pero en este caso todos podremos leer, antes o después, los papeles que transportaron al presidente extremeño desde la desolación hasta la euforia al convencerle de que el statu quo autonómico está garantizado para toda la eternidad.

Si la cajita destapada por Felipe González ante Rodríguez Ibarra encerrase esa conclusión, la cesión del 15% no sería más que uno de aquellos divertidos inventos del TBO cuya enredosa complicación guardaba relación directa con su absoluta inutilidad. Y dado que el diccionario define la envidia como pesar por el bien ajeno, el concepto de envidia autonómica acuñado por Arzalluz cuadraría a la perfección con la indisimulada satisfacción del presidente de la Junta al comprobar que nada cambiará, ni para mal de Extremadura ni -sobre todo- para bien de otras comunidades, en la financiación de las comunidades autónomas.

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