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Crítica:JAZZ: FESTIVAL DE VITORIA

El placer de la aventura

Doble concierto de altos vuelos en la segunda noche del Festival de Jazz de Vitoria. Sobre el papel, la popularidad de los Brecker Brothers debería haber atraído al público hasta Mendizorroza y, ya allí, Bill Frisell, bastante desconocido en estos pagos, habría sorprendido gratamente al personal; lo segundo sucedió, pero no lo primero.Curiosamente el nombre de los hermanos Brecker no sirvió, como era previsible, para agotar las localidades. Los Brecker Brothers trajeron a Vitoria la contundencia de una música que corta la respiración desde el primer acorde, pero Frisell, que llegó sin ninguna parafernalia técnica y con extrema sencillez, nos mostró el placer de la aventura musical. El placer de ir hacia adelante y hacia atrás en el tiempo y en el espacio buscando sensaciones y conseguir que a cada momento esas sensaciones suenen frescas; y nuevas.

The Brecker Brothers y Bill Frisell

The Brecker Brothers Band: Michael Brecker, Randy Brecker, Lenny White. Bill Frisell Band: Bill Frisell, Kermit Driscoll, Joey Baron. Polideportivo Mendizorroza. Vitoria, 14 de julio.

Los Brecker abrieron la noche. Música danzante, alta tecnología y un virtuosismo interpretativo fuera de dudas caracterizan el trabajo de la banda. Su heavy metal be bop de los setenta se debería llamar ahora funk hip hop be bop, o algo parecido, ya que los dos hermanos no tienen ningún inconveniente (por suerte) en incorporar cualquier nueva tendencia a su personal visión del jazz, en, la que Miles Davis y John Coltrane se muestran como referencias cada vez más presentes y poderosas.

El concierto discurrió por los mismos parámetros que han marcado su regreso, hace un par de años. Los mismos temas interpretados con los mismos arreglos e, incluso, en el mismo orden. Sólo la sustitución de Mike Stern, el guitarrista original, por el joven Dean Brown plantea algún cambio: ahora la guitarra suena en la línea del Steve Vai compulsivo, pero esta discordancia no afecta para nada al resultado final. Como no lo afecta, ni para bien ni para mal, la presencia de Lenny White en la batería.

En la segunda parte, el trío de Bill Frisell cambió todos los esquemas planteados por los hermanos Brecker. El guitarrista (sin duda el más creativo de la actualidad) planteó un concierto marcado por la sencillez, y sin darse un solo respiro fue revisitando todos los rincones musicales de su memoria con un toque claro, transparente e hipnótico. Acompañado por un eficaz Kermit Driscoll en el bajo y por uno de los baterías más sorprendentes y explosivos del momento, Joey Baron, Bill Frisell fue del tango al free jazz, del rag al rock duro, pasó de Wess Montgomery a Jimi Hendrix, y sobre todo fue un Bill Frisell derrochando ideas en todo momento.

El trío funcionó como una unidad capaz de cambiar de clima, de ambiente o de ritmo con una sola mirada. Un auténtico mecanismo de precisión en el que lo más sobresaliente es la felicidad que emana de los tres instrumentistas al interpretar esa música. Una felicidad que se contagió inmediatamente al público.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 16 de julio de 1993