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Crítica:DANZA

La luz del talento

Por segundo año consecutivo, el teatro Albéniz abrió sus puertas con gentileza al certamen de danza española, que registró un lleno absoluto los tres días. Este acontecimiento se prestigia con la participación de artistas maduros, como Antonio Canales, que modestamente arrimó el hombro como un bailarín más en la coreografia de un miembro de su compañía. Éste es el foro para oír también las nuevas músicas del flamenco asociadas al baile, tanto de tradición como el que se renueva con las nuevas tendencias.La danza española se sigue moviendo en parámetros formales ya vistos hace años, tanto en lo temático como en lo estético, de modo que la renovación formal, además de urgente, se hace tarea difícil, con riesgo, y que precisa de la luz del talento. Y claridad hubo en el concurso y en las deliberaciones del jurado, compuesto por la bailarina Ana González; los coreógrafos Manolete, José Granero y Alberto Lorca; el especialista José Luis Ortiz Nuevo, y el escritor Alfredo Mañas.

Segundo Certamen Coreográfico de Danza Española

Entre dos: Miguel Ángel Berna y Mariano Cruceta; Increpación: Montse Sánchez y Ramón Baeza; Mujeres: Elvira Andrés; En mi mente: Florencio Campo.Teatro Albéniz, Madrid. De 9 al 11 de julio.

El premio al bailarín sobresaliente fue para Miguel Ángel Berna (Zaragoza, 1968) que hizo, junto a Mariano Cruceta, una obra de lucimiento técnico y personal, ecléctica y superponiendo frases de flamenco con aires de jota. Como lectura coreográfica dejaba que desear, pero permitió ver las dotes de Berna, que se lució en batudas, palillos y zapateados.

El segundo premio compartido fue para Mujeres, una refinada creación de Elvira Andrés (Madrid, 1958), que logró ecualizar con éxito paso y palillo con un sonido contemporáneo inspirado en el baile tradicional. Su concepto del movimiento escénico fue elegante y dinámico. Por su parte, la otra obra del ex aequo, Increpación, presentó una interesante propuesta de contaminación entre la danza contemporánea y la danza española: Montse Sánchez (Barcelona, 1964) y Ramón Baeza (Barcelona, 1963) mostraron una cohesionada obra en lo musical, lo espacial y la inventiva de grupo, destacando también un bello y hasta atrevido vestuario.

El premio principal y primero fue a parar a manos de Florencio Campo (Santander, 1966) por su pieza En mi mente, un trío que, sin duda, fue el mejor producto coreográfico con una historia bien contada, un buen uso de la manida música de Joaquín Rodrigo y, sobre todo, un equilibrio muy ajustado entre los valores propios del baile español, correcto y hasta virtuoso, con ideas teatrales de hoy día.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 13 de julio de 1993