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XLV BIENAL DE VENECIA

Presencias españolas

La presencia española en la XLV edición de la Bienal ha sido escasa, pero notable. Nuestro pabellón oficial está entre los mejores, pero, además, hay que destacar la selección de una escultura de la catalana Susana Solano (que es últimamente la artista de nuestro país más intemacionalmente celebrada) en el pabellón central, así como la del también catalán Pep Agut en Aperto, cuyo valor se acrecienta en medio de tan mediocre campaña.Repitiendo la fórmula ya ensayada en la edición de 1988, en el que nuestra representación oficial corrió a cargo del veterano escultor vasco Oteiza y la joven catalana también escultora Susana Solano, la comisaria designada este año, Aurora Garcia, ha elegido al artista catalán Antoni Tápies y a la vasca Cristina Iglesias, ambos aquí con obras de escultura. Respecto al primero, considerado hoy como el artista vivo más importante de nuestro país, hay que decir que no sólo sus presencias y triunfos en Venecia han sido frecuentes y sonados, sino que en 1982 los organizadores de la Bienal le dedicaron una bellísima retrospectiva de homenaje, que recogía su producción desde 1946 a 1982 y que estuvo instalada en el marco de la iglesia de San Giovanni Evangelista. Respecto a la segunda, Cristina Iglesias, que está considerada internacionalmente como uno de nuestros mejores artistas jóvenes, también hay que recordar que representó a España en la edición de 1986.

Elegancia

En todo caso, la combinación de ambos funciona, no sólo porque efectivamente no se estorbaban, sino porque exhiben obras de altísima calidad y el montaje es bello y sumamente elegante. La sala central la ocupa una instalación de Tápies, diáfana y poética, que está entre lo mejor que se puede contemplar en la Bienal y fuera de la Bienal. En las salas circundantes, Cristina Iglesias ha situado un conjunto de hermosas esculturas, todas ellas dotadas con la sensibilidad característica con la que esta artista sabe mezclar materiales y géneros pero ahora se nota que ha adquirido una suelta y madura claridad que refuerza y enaltece lo mejor de su muy notable talento.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 13 de junio de 1993