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Tribuna:

La ignorancia de Borís Yeltsin y sus seudodemócratas

ALEXANDR RUTSKÓIEl vicepresidente ruso, Alexandr Rutskói, enuncia los motivos por los que aspira a la presidencia, al tiempo que critica la política exterior e interna de Borís

Yeltsin. Asimismo plantea soluciones para la grave crisis política y económica que vive el país y propone un acuerdo nacional.

¿Por qué quiero competir a la presidencia de Rusia frente a Borís Yeltsin? Porque alguien debe prevenir que él y los seudodemócratas de los que se ha rodeado secuestren el destino de mi país. Esos hombres no son demócratas, sino que han puesto en un compromiso el contenido de la teoría democrática.El principal elemento de la teoría democrática no es la igualdad, sino iguales derechos ante la ley. Bajo un sistema de este tipo, cualquier ciudadano está sometido a la legislación vigente, incluso un presidente que parece pensar que puede continuar violando la Constitución, incluso aquellos que forman parte de su círculo inmediato y que han sido tocados por la corrupción.

Como resultado de la mala gestión de estos seudodemócratas en la reforma política y económica, Rusia está en un estado de absoluta inestabilidad. Según un informe internacional, hace sólo año y medio Rusia ocupaba el vigésimo puesto mundial en términos de confianza financiera y riesgo político. Ahora ocupamos el puesto 149. Mi tarea principal, tal como lo veo ahora, es ayudar a consolidar nuestra sociedad para que podamos dejar atrás esta ruinosa realidad.

El erróneo planteamiento de la reforma económica, que se ha hecho sin establecer un fundamento legal para la privatización, ha causado un vasto crecimiento de los problemas en cuestiones de salud, corrupción en la distribución de alimentos y criminalidad. Es el catalizador del submundo criminal.

Apretar las clavijas a la delincuencia es, a fin de cuentas, inútil sin una norma de derecho establecida. El bienestar de una sociedad depende en última instancia del nivel en que las leyes son cumplidas por sus ciudadanos.

Fuera de control

Sobre todo en nuestras actividades económicas exteriores, la situación de la criminalidad está fuera de control. La moneda fuerte fluye hacia bancos extranjeros y las propiedades rusas se están vendiendo ilegalmente por una miseria. Todo desde Rusia y nada para Rusia.

Sin embargo, las advertencias que le he hecho al presidente Yeltsin siguen sin ser atendidas. ¿Se puede concebir que un presidente norteamericano reciba frecuentes informes de su vicepresidente sobre una corrupción presente en las más altas instancias del poder y, pese a ello, no hacer nada? ¿Qué significado puede tener que el presidente organice una Comisión para la Lucha contra la Corrupción y el Crimen, de la que soy miembro, y luego prohíba a sus ayudantes que me pasen documentos en los que se detalla, por ejemplo, la corrupción en las fuerzas armadas de la región occidental.

El presidente acaba de ordenar una investigación para determinar quién está filtrando información a la comisión. ¿Puede ser que el asunto de la corrupción no esté siendo discutido en profundidad en este momento porque el actual círculo del presidente ha sido alcanzado?

No tengo derecho a hablar de la culpabilidad de nadie. Eso es cosa de los tribunales. Pero tengo en mi poder materiales muy interesantes que muy bien pudieran venir a mano. Si a mí o a cualquier miembro de mi secretariado nos tocan un pelo, todo este material será hecho públic.

Desde esta perspectiva, me duele cuando EE UU y los Estados europeos dicen "apoyamos a Borís Yeltsin, no hay otra alternativa". Los rusos están hartos de no tener alternativas. No teníamos alternativa a Gorbachov, tampoco a Breznev, tampoco a Stalin ni a Lenin. ¿Y por qué? Porque no teníamos el imperio de la ley.

Es difícil entender el apoyo occidental a Borís Yeltsin, un hombre que continuamente viola la Constitución y cuya política nos está llevando a la absoluta decadencia y destrucción de la economía. Esta política occidental está creando innecesariamente un resentimiento entre la mayoría de los rusos que no apoyan la política presidencial.

La respuesta occidental a todas estas preguntas es que Borís Yeltsin venció en el reciente referéndum sobre su presidencia y su política. Es un punto de vista equivocado. Desde el terreno político real, en Rusia no hubo victoria en las urnas.

Es una auténtica exageración llamarlo mandato. El referéndum, después de todo, no era una elección política, sino un referéndum sobre el curso de la transformación social. Rusia sólo tiene un camino para renacer. Sólo una perspectiva de acuerdo nacional y no una política de polarización nos puede sacar de este cul de sac.

Pese a lo que mucha gente piense en Occidente, existe una alternativa a las desventuras seudodemocráticas de Borís Yeltsin. Esa alternativa está en las inmediatas elecciones nuevas para la presidencia y el Parlamento.

Cuanto antes haya elecciones, más pronto habrá estabilidad. Los cataclismos de cambio pueden terminar finalmente en 1993 si se consigue una estabilidad por medio de un Gobierno de acuerdo nacional.

Copyright New Perspectives Quaterly. Los Angeles Times Syndicate.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 17 de mayo de 1993

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