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Entrevista:

"En el banquillo deberían estar los que destruyeron el país, incluido Gorbachov"

Guennadí Yanáiev, de 55 años, ex vicepresídente de la URSS, está preparado para aceptar su destino (desde el fusilamiento hasta el indulto) en el juicio que se reanuda el martes contra los participantes en el frustrado golpe de Estado de agosto de 1991. Está convencido de que la. historia le absolverá. "En el banquillo de los acusados deberían estar los que destruyeron la URSS, incluido Gorbachov, y no nosotros", afirma.

La ascención de Yanáiev a la cima del poder fue impetuosa; su permanencia en ella, fugaz. En menos de seis meses, se convirtió de jefe de los sindicatos en vicepresidente de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), pasando además por el Politburó y por el secretariado del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS). El 18 de agosto de 1991, a las 20.30, se enteró de que debía asumir el cargo de presidente en funciones de la URSS. Pero sólo durante tres días encabezó el vasto imperio soviético: del Kremlin fue a parar a la cárcel.En vísperas de la reanudación del juicio contra los miembros del Comité Estatal de Emergencia (CEE), Yanáiev, que es acusado de traición a la patria y abuso de poder, recibe a EL PAÍS en su apartamento de dos habitaciones, en una tranquila calle céntrica. En un principio, este pisito estaba destinado al servicio doméstico de Edvard Shevardnadze cuando era ministro de Exteriores de la URSS.

En agosto de 1991, la crisis era total, y el dilema, según Yanáiev, clarísimo: "O vencía la tendencia a conservar el Estado soviético, cosa por la que se había pronunciado el pueblo en el referéndum de¡ 17 marzo, y triunfaban los partidarios de la vía socialista de desarrollo, o vencían los demócratas radicales, que deseaban destruir el país como Estado único y marchar por la vía capitalista de desarrollo". Y no un capitalismo civilizado, sino. "una variante primitiva, criminal y mafiosa".

Comunista orgulloso

En estas circunstancias se empezó a preparar un nuevo Tratado de la Unión, pero se hizo "a espaldas del Congreso de los Diputados con el fin de renunciar a los resultados del referéndum de marzo, renunciar a conservar la URSS", explica Yanáiev, que sigue siendo un comunista, orgulloso de no haberse pasado a la socialdernocracia. "Yeltsin daba constantemente ultimátos a Gorbachov, y éste cedía y cedía. El resultado fue un tratado que, de haberse firmado el 20 de agosto, como estaba previsto, hubiera hecho desaparecer la URSS".

La ¡dea de imponer el estado de emergencia no nació en agosto de 1991. "En el Consejo de Seguridad, en las reuniones con dirigentes industriales y agrarios, a menudo se le decía a Gorbachov que había que salvar al país e imponer el estado de emergencia". Y él se mostraba de acuerdo. Desde finales de 1990 y principios de: 1991, según Yanáiev, Gorbachov dio orden de estudiar diversas variantes de implantación de un régimen especial de gobierno. Los órganos correspondientes examinaron cuatro variantes, que comprendían la imposición de la administración directa o del estado de emergencia ya fuera en todo el país o en algunas regiones. Hubo periodos en que Gorbachov se inclinaba por una de estas variantes, pero la verdad es que él "hablaba de una manera, pensaba de otra y actuaba de acuerdo a una tercera".

"Gorbachov siempre evitaba responsabilizarse personalmente por la toma de decisiones impopulares, y en cuanto surgía un conflicto, como los sucesos de Tbilisi, Bakú, Sumgait, Fergana, Vilna.... Y nosotros siempre tratamos de protegerle para que conservara su imagen de demócrata", asegura.

"¿De qué confabulación se puede hablar cuando el vicepresidente y el jefe del Parlamento se enteran de ella el 18 de agosto a las 20.30, cuando el grupo de camaradas está de regreso de Forós [donde se encontraba Gorbachov]? Es ridículo: imagínese que en Chile, durante el golpe de Pinochet, se celebrara una manifestación contra Pinochet de 200.000 personas en la que cantara Víctor Jara y leyera sus versos Pablo Neruda. Eso fue lo que sucedió en la Casa Blanca, donde cantaban grupos de rock. Y nosotros no hicimos nada. No arrestamos a los demócratas, encabezados por Yeltsin, no usamos la fuerza para evitar la histeria junto a la Casa Blanca. La única explicación es que no estábamos dando un golpe, sino que aplicábamos una de las líneas políticas del presidente, que él, por cobardía, no se atrevía a realizar. Tratábamos de protegerlo, de conservar su imagen democrática y por eso no podíamos recurrir a la violencia", asegura.

Yanáiev dice que aceptó encabezar el CEE (Comité Estatal de Emergencia) porque "no quería ser cómplice de la destrucción del país?". "No lo hice por intereses mezquinos, pues conocía bien las costumbres de las altas esferas y comprendía que cualquiera que fuera el resultado yo actuaba como kam¡kaze. Incluso si el CEE triunfaba en un periodo máximo de tres meses me vería en el extranjero, como embajador o jubilado".

Muchas preguntas

Yanáiev desea utilizar el juicio contra el CEE para decir al pueblo "quién es el culpable de la desaparición" de la superpotencia soviética. "Por eso, exigimos la presencia de Gorbachov y de Yeltsin. Tenemos muchas preguntas que hacerles. En realidad, en el banquillo de los acusados, en lugar de nosotros, deberían estar los que destruyeron el país, incluido Gorbachov", señala.

Si pudiera regresar a agosto de 1991, Yanáiev convocaría de inmediato al Congreso de los Diputados para destituir a Gorbachov y elegir un presidente que preservara la URSS. Hoy no lamenta lo que hizo entonces. "Sólo lamento haber intervenido, demasiado tarde en defensa del Estado. Fui un idealista y no pude evitar la desintegración de nuestra patria".

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