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Génesis de 'Kika'

Pedro Almodóvar comenzó ayer en Madrid el rodaje de su décima película, K¡ka. Interpretada por Verónica Forqué, Victoria Abril, Peter Coyote y Álex Casanova, el director explica en este artículo los orígenes y motivaciones de una historia que empieza como vodevil y termina de un modo perverso.

Nunca había cambiado de título tantas veces. Al final ha ocurrido como con Mujeres... y ¿Qué he hecho yo ...?, he vuelto al primero, es decir, al provisional. Kika. Cuando comencé a escribir el guión, entre viaje y viaje de promoción, Kika-personaje era la dueña y señora de la historia.Como siempre, yo la escribía por mera diversión, para desintoxicarme. También, como siempre, al principio era una traslación de mis necesidades. El mundo que me rodeaba y mi propio mundo amenazaban con asfixiarme, necesitaba una buena dosis de optimismo. Quería recuperar para mi vida y para mi cine el aliento fresco de la comedia. Así nació Kika-título y Kikapersonaje. Una chica ingenua, como la mejor Marilyn, que no conoce la consciencia del riesgo (como la Candela-Barranco de Mujeres ... ), positiva y sin prejuicios, siempre dispuesta (como Patty Diphusa), sensible y contemporánea (como la Holly Goligtly de Desayuno con diamantes, mi eterna referencia femenina). Un personaje de un optimismo casi surreal.

Pero con los meses aparecieron en el camino de K¡ka sus circunstancias, otros personajes, cada uno con un género a cuestas. La antagonista, Andrea Caracortada; el padrastro de su pareja, Nicholas Pierce, y su pareja, Ramón. Todos ellos, mucho más oscuros, se me habían colado de rondón. Como escritor, yo había impuesto el optimismo a prueba de bomba de Kika, pero la propia escritura había convocado a los otros tres. No es la primera vez que la historia me domina. Así debe ser, la escritura es la que manda.

En la mitad de la historia, Kika es violada por un ex actor pomo. Pero comparada con lo que provoca a su alrededor, la violación no es lo peor que le ha podido ocurrir. Decidí, entonces, que la película debía llamarse Una violación inoportuna, título sutil e irónico, tipo Noel Coward, que se entendería una vez vista la película. Pero existe en el mundo gente muy susceptible, que no necesita ver una película para hacer campaña contra ella.

Yo detestaba la idea de que se me confundiera y que alguien pensara que para mí existe algún tipo de violación oportuna. La duda me desazonaba y a mi hermano aún más. Lo mejor era desechar el título. Siempre me he negado a que el qué dirán influya en mi trabajo, pero la posibilidad de ser malentendido era real, y no me compensaba.

En medio de estos dos primeros hubo otro que duró poco tiempo. Los ojos del tamil. Durante el desarrollo del primer borrador, Kika había tenido, en el pasado, una historia amorosa con un guerrillero tamil (los de Sri Lanka), en Canarias. El tamil muere en un atentado. Años después, en Madrid, Kika descubre que la espía un voyeur. Cuando le conoce, se enamora de él y le encuentra algo familiar: sus ojos. Resulta que al voyeur le habían hecho un trasplante y le habían puesto los ojos del tamil (por entonces había leído en un periódico que los órganos de algunos terroristas muertos violentamente se utilizaban para hacer trasplantes). El guerrillero tamil seguía amándola y protegiéndola después de muerto. En el segundo borrador esta historia desapareció, sólo quedó el voyeur, pero le espiaba por razones distintas. El título había perdido significado. A pesar de ello estuve tentado de dejarlo, me había gustado mucho Reservoir dogs, una película cuyo título no significaba nada. Pero yo sabía que nunca haría una cosa así.

Naturaleza del matar

Mientras tanto, uno de los cuatro personajes centrales, el de Peter Coyote, un escritor americano, errante y seductor, empieza a fagocitar parte de la historia. Sobre la naturaleza de matar escribe: "Matar es como cortarse las uñas de los pies. Al principio te da pereza, pero cuando empiezas a cortártelas descubres que es más fácil de lo que imaginas. Después piensas que no necesitarás volver a hacerlo, pero antes de lo que esperas las uñas han vuelto a crecer". Esta hermosa metáfora, perteneciente a un libro de Andreu Martin, me dio la idea del cuarto título: Las uñas del asesino.

Suena muy bien, pero sugiere un thriller y Kika no pertenece a ese género. Juan Gatti, encargado de elaborar el cartel, me decía, con razón, que no había modo de ilustrar ese título con imágenes de la película. Por otra parte, la metáfora sólo atañe al personaje de Peter Coyote, y no representa la totalidad ¿le la narración. Es un buen título que tendré que archivar a la espera de la historia adecuada.

La verdad es que la película podría llamarse Laberinto de pasiones, ¿Qué he hecho yo para merecer esto? o Mujeres al borde de un ataque de nervios. Los tres van como anillo al dedo, pero ya existen, yo mismo los he usado.

Lo peor del día es el título de un reality show que conduce uno de los personajes, Andrea Caracortada, el papel que interpreta Victoria Abril, otro de los cuatro ejes de mi carreta. Es una nueva periodista, antigua psicóloga, fascinada por psicópatas y que duerme arrullada por los datos de Ecotel. Su ilusión sería convertirse ella misma en psicópata, pero debe conformarse con mostrar al mundo lo peor de la realidad cotidiana y, de paso, conseguir la mayor audiencia posible. La historia que narro ocurre en dos intensas jornadas, vertiginosas y disparatadas, que empiezan como un vodevil y terminan de un modo perverso. Lo malo del título es que proporcionaría gratuitamente los comentarios más zafios a mis enemigos de siempre. Lo peor de Almodóvar, la peor película del año, etcétera. Mi hermano me convenció de lo poco procedente de tan tosca subliminalidad. Lo quitamos.

Después se me ocurrió Un horrible día de verano. Suena bien en cualquier idioma y me gusta ese componente antiturístico. Es ligero, a pesar de la palabra horrible, y se ajusta al tono de la historia. Y, a la vez,es general y abstracto. A éste le siguió La buena, la fea y la mala. La buena era Verónica Forqué; la fea, Rossy de Palma, que también dispone de papelón y la mala es, naturalmente, nuestra Bette Davis nacional, Victoria Abril. Divertido, pero poco serio. O sea, descartado. Después vino Raboterapia. Lo deseché por las mismas razones que el anterior.

Mientras preparaba el rodaje, ensayaba con los actores y profundizaba en las características de los personajes, descubrí la obra desmesurada de Dis Berlin: cientos de collages geniales, dominados todos ellos por el cuerpo desnudo de la mujer, tratado siempre de un modo irracional, admirativo, tenso, irónico, con grandes dosis de perversión y de un exhibicionismo hermético, si esto fuera posible. Todas estas cualidades describen a Ramón (Alex Casanova), la pareja de Kika, que además es fotógrafo especializado en lencería femenina. Como en Peeping Tom el protagonista siente el impulso de fotografiar la cara de la muerte, Ramón busca en los rostros de sus modelos la cara del placer. La obra de Dis Berlin completa el personaje de Ramón y lo enriquece. Crea para él un universo y explica al personaje. Además, por si fuera poco, me proporcionaba el título y soporte teórico para mi natural eclecticismo.

Generoso Dis Berlin

Desde que decidí que Ramón sería un artista del collage, gracias a la generosidad y la inspiración de Dis Berlin, el título no podía ser otro. Collage.

Porque eso es Yika, una mezcla de personajes, perteneciente cada uno a distintos géneros.

Soy un ecléctico nato. La mezcla y la impureza son algo natural en mi carácter. Nunca he luchado contra esa tendencia, pero reconozco que en Kika-película la convivencia de distintos géneros es más explícita y consciente que nunca. Esta característica mía siempre me ha creado dificultades con los críticos españoles, siendo a la vez la cualidad más destacada por los foráneos. Como mi anterior película, ésta la producimos con Ciby 2000, una productora francesa. Hace una semana nos llegó un fax diciendo que collage, además de sonar banal en francés, ya existía. Total, después de un pequeño referéndum, la película volvió a llamarse Kika, y espero que para siempre. En todos los idiomas se llamará lo mismo, es un título abstracto y, a la vez, simpático. No significa nada, es corto y sonoro. Y me lleva de nuevo al origen, al optimismo inicial, a la ingenuidad y la buena disposición para vivir, aunque haya que hacerlo en un infierno.

Kika-película es (será) un intento de comedia, de perfiles muy contrastados, que se envenena al final. Guarda con Mujeres... el paralelismo del humor, la histeria femenina y lo urbano. Pero si en Mujeres... la tesis consistía en mostrar una ciudad idílica, donde todo era vivible (las farmacéuticas no pedían recetas, los taxistas eran verdaderos ángeles de la guarda y la amistad un refugio seguro) y cuyo único motivo de tensión lo provocaba el hecho de que los hombres abandonaban a las mujeres, en Kika la ciudad es un infierno agresor, los hombres no abandonan a las mujeres pero les mienten, se callan, las espían y, si llega el caso, las matan.

Y ya no digo más porque, si me dejo llevar, cuando la película se estrene, en noviembre, no habrá ninguna sorpresa. Y para que se estrene, antes tengo que empezar a rodar. Les dejo. ¡Motor! ¡Acción!

(Una hora antes de empezar el rodaje de su décima película).

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 10 de mayo de 1993.

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