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Entrevista:

"Quiero saber de que esta hecha el alma"

La escritora norteamericana Joyce Carol Oates (Nueva York, 1938) es una de las figuras más destacadas de la literatura de su país. Desde sus inicios en los años 60 no ha dejado de publicar novelas, relatos, poesía y ensayo. Su última novela, Agua negra (Ediciones B) es la primera en la que se basa en -un hecho real, el accidente automovilístico del senador Edward Kennedy en la isla de Chappaquiddick, en el que murió ahogada su secretaria. La novela se centra en el proceso mental de la víctima que espera hasta el final que vengan a salvarla. Es la agonía de quien se niega a aceptar el final y una indagación sobre cuáles son los pensamientos que sobreviven en el último momento.

FIETTA JARQUE, La obra de Joyce Carol Oates atraviesa en zigzag los límites entre la cordura y la demencia. Es un bordado rápido, como de máquina, y con él construye una nueva y amplia zona de experimentación sobre las contradicciones del alma humana. Para violar esas fronteras usa con frecuencia situaciones muy violentas. Con ellas paraliza y encandila a un lector que la sigue con los ojos abiertos hasta el final.

Pregunta: ¿Se puede hablar de una estética de la violencia?

Respuesta: El uso de la violencia en el arte, en términos emblemáticos, se ha usado desde la antigüedad. La tragedia griega y Homero formaron el tejido de las experiencias humanas de las que la violencia es un hilo, pero personalmente no pienso que la violencia se pueda aislar de la totalidad de nuestras experiencias.

En la tragedia parece la combinación de una secuencia de acciones, algunas de ellas son la expresión del libre albedrío y otras se someten a la fatalidad, pero son solo parte del entramado de la experiencia humana.

P: Pero usted parece fascinada por la violencia, o por lo menos así lo hacen sentir sus libros y personajes.

R: Lo que a mi me interesa es cómo reacciona la gente ante las crisis de la vida. Pueden ser crisis físicas, sicológicas, o ambas. La mayoría de los escritores se interesa por la personalidad humana, yo quiero ver a los seres humanos bajo pruebas, para ver qué tienen dentro, dramatizarlo. Y creo que esa es una característica de la escritura de la tragedia, cuando uno empuja al personaje hasta los extremos para ver de qué está hecha el alma. Pero en cuanto a la violencia en sí, no es sobre lo que escribo.

La derrota

Para mí escribir el libro Del boxeo (Tusquets, 1990) fue algo excepcional, complejo, de múltiples facetas. Uno de los temas que exploro es el de la derrota. Cómo muchos boxeadores, al igual que mucha gente, tienen enfrentamientos en la vida y son derrotados. Entonces lo que importa es cuán bien se han comportado en la lucha, para después perder. Porque incluso los campeones como Mike Tyssson, han sido derrotados ignominiosamente, han sido humillados. Durante un momento son los campeones del mundo y luego yacen tirados en la lona. Se trata entonces de valorar cuánto coraje y nobleza han puesto en su fracaso. A los norteamericanos no les gusta hablar de los fracasos, jamás lo hacen.

P: ¿Qué tan poderoso es para los norteamericanos el mito del ganador y del perdedor?

R: Los norteamericanos ponemos mucha atención a esto, parece que dividiéramos el mundo entre ganadores y perdedores. Y eso es algo tan irreal.... Alguien puede ser un perdedor y convertirse en un ganador, o quien es percibido por el mundo como un perdedor puede ser interiormente muy fuerte. Por el contrario, un ganador puede ser alguien muy superficial, cuyo triunfo es efímero y que no se encuentra a la altura de ese éxito. Pero la sociedad tiende a esas reducciones planas.

P: Usted ha dicho que no escribe sobre la violencia, sino sobre las víctimas de la violencia. Después del suceso de Wako se ha desatado nuevamente el debate en EE UU sobre el uso de s armas.

R: La mayoría de los norteamericanos estarían a favor de un control de las armas, pero las organizaciones como la American Rifle Association, ese lobby poderoso, son las que mantienen las armas disponibles para todo el mundo. Pienso que seríamos mucho menos violentos si diéramos a conocer nuestra opinión y mantuviéramos el uso de las armas restringido. Muchos norteamericanos las rechazan aunque siguen fascinados por ellas en la ficción, por el horror, es una manera de expresar ansiedad. La estética del asesinato y de la violencia tienen mucho que ver con. la ansiedad personal. Una parte de la antigua fascinación por las ejecuciones viene de ahí, la gente siente que el momento de la muerte es algo que todos experimentaremos. Es un espejo.

P: Pero las series hiperviolentas para niños y jóvenes, los videojuegos, no los hacen pensar en la muerte.

R: Sí, es cierto. Yo pensaba más en la estética de la violencia en otro nivel cultural. Esa es la cultura popular, la cultura basura para la que la muerte es un entretenimiento. En mi país la gente que ve estas películas tiene entre 15 a 21 años y son chicos. A las mujeres no les atraen mucho estos filmes.

A los hombres les gusta pelear, a muchos hombres. Conozco abogados que lo son porque disfrutan el enfrentamiento. Es dramático y excitante. Hay boxeadores que les gusta ser golpeados y están. orgullosos de sus cicatrices. Roberto Durán, un gran boxeador, ofrecía la mandíbula para que le den un golpe, y cuando lo hacían saltaba como un tigre. Hay algo en esa dinámica que tiene un componente erótico para los hombres que pelean, algo excitante. Tanto, que cuando no pelean' todo les parece plano. Mike Tysson dijo una vez: "Fuera del boxeo, la vida es muy aburrida". Y trató de hacer su vida excitante, hasta arruinarla.

La analogía con el artista es que cuando estás creando la experiencia es muy excitante. Estás ansioso y entregado a lo que haces. Si como escritor tienes una buena sesión de una o más horas en que todo sale bien, te encuentras después con que la vida te parece mucho más chata. Yo terminé una novela hace tres semanas. En la última etapa estaba tan tensa que no podía ni dormir. Cuando la acabé, descansé. Todo parecía tan fácil. Demasiado fácil. Necesito ser castigada. Necesito dolor y angustia. Y ya estoy pensando en volver a casa y escribir una nueva novela. ¿Quién puede entender la perversidad de la naturaleza humana?

Y al final, lloré

F.J., P: En Agua negra usted indaga en el proceso mental de asimilación de la muerte inesperada. ¿Es la novela de la vivencia de ese momento definitivo?

R: La protagonista de la novela no sabe hasta el momento final que va a morir. Es más, el libro termina con la alucinación de que la vienen a salvar. Ella tuvo dos horas de vida en el coche sumergido, respirando en la burbuja de aire que quedó porque las ventanillas estaban cerradas. Pero yo me preguntaba qué podía estar pasando por la mente e esa mujer en un trance semejante. Qué pensamientos sobreviven. Creo que sería algo cíclico, repetitivo, compulsivo, fijo en algunas imágenes muy selectivas. Yo he estado gravemente enferma con fiebres muy altas y no sientes ningún dolor, pero la mente flota y empiezas a pensar en términos de ensoñaciones e imágenes de tu pasado. Como si el alma tratara de definirse a sí misma antes de disolverse en la muerte. Pienso que esta es una experiencia humana universal y yo estaba muy interesada en reflejarla.

Ella trasciende el contexto final y físico de su muerte a través de su mente, de su espíritu con el que trata de redefinirse. Ella tuvo dos horas de tiempo en este proceso, no un momento. Y además estaba tratando de zafarse y escapar.

Investigación posterior

Cuando terminé la novela fui a la hemeroteca e hice algo de investigación sobre el caso de Chappaquiddick en el que murió ahogada Mary Jo Kopechne. Después, no antes de la novela. Y vi un diagrama del accidente en el que se veia cómo la víctima había tenido que retorcerse de manera dramática para respirar el poco aire que quedaba durante dos horas. Cuando vi eso, lloré. Por primera vez en mi vida como escritora de ficción he escrito sobre un acontecimiento que con toda probabilidd sucedió así en la vida real. Mi personaje de ficción pudo haber pasado por lo que vivió una persona real, y eso me conmocionó.

Luego leí un poco más sobre Edward Kennedy, sobre el juicio y el veredicto. Fue juzgado inocente y solo se le imputaron cargos menores como huir de la escena del accidente o violaciones de tráfico, cosas insignificantes. No se le acusó de homicidio. En otro estado se le habría acusado de homicido, pero tuvo suerte en ese sentido.

Cuando empecé Agua negra me tomó muchísimo tiempo escribir la primera página. Yo estoy interesada en explorar las complejidades entre las percepciones externas de la gente, que se aplanan como en imágenes de dibujos animados, y las interiores en las que somos tan complejos que es difícil de definir. Cuando logras expresarlo encuentras tu razón de ser en la literatura.

Lo grotesco y lo Poético

Joyce Carol Oates ha escrito a sus 53 años una amplia obra que comprende más de veinte novelas, 16 volúmenes de novela corta, 8 libros de poesía y varios ensayos. Su productividad es una de las cosas que más sorprende a la crítica y público de su país, y algo que a ella no deja de molestar que le mencionen. "Otros autores han escrito muchos libros, Henry James publicó cerca de cien volúmenes, pero la gente no deja de encontrar extraño que una mujer lo haga".En sus primeras novelas Oates se sumergió en un mundo grotesco que penetraba en el tejido social, colándose por sus costuras más podridas. En los años sesenta escribió sobre los trabajadores inmigrantes (Garden of arthly delights) y en 1970 ganó el premio nacional de literatura con Them (Ellos). En España se han publicado Marya, Gente adinerada, Solsticio y el brillante ensayo Del boxeo.

En la obra de Joyce Carol Oates hay a menudo personajes grotescos, excesivos. Hay asesinos seriales, mutilaciones, incesto, sabios idiotas. Pero ella no se ha detenido en esa veta. Sus personajes son así porque rayan el campo de lo simbólico, y su aproximación crítica a la sociedad no limita su actuación a los sectores marginales, sino que abarca los territorios de las profesiones más respetables, como la medicina y las leyes. Su prosa es rica y sobria, cuidadosamente construida.

Agua negra construye de forma envolvente la historia de un momento. Una historia que no se limita a los acontecimientos que culminan en el desenlace fatal, sino que se concentran en abarcar la totalidad del pensamiento de la víctima. Finas capas transparentes que la autora desglosa con delicadeza y una dolorosa curiosidad por llegar hasta el fondo. Una mujer se ahoga en aguas pantanosas. En ese agujero se hunden también los juegos políticos, la cobardía, la falsedad y las ilusiones mal correspondidas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de mayo de 1993

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