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Chavela Almodóvar

La cantante mexicana le propone matrimonio al cineasta español

Si las santas de la Biblia tuvieron hijos a los 107 años, ¿por qué no va a tener hijos Chavela Vargas con Pedro Almodóvar? A Almodóvar no le extrañó nada la proposición de matrimonio que le hizo la propia cantante mexicana desde el escenario en la medianoche del pasado sábado. "Tú eres capaz de hacer milagros", le respondió el cineasta desde el patio de butacas de la sala Caracol, en Madrid, donde estos días la célebre intérprete de Macorina obtiene un éxito arrollador de público y de lágrimas.

"Mi futuro marido anda por ahí abajo. Don Pedro de Almodóvar. Nos vamos a casar en Oaxaca. Santa Ana tuvo hijos a los 107 años. ¿Por qué no los voy a tener yo? Y tendremos muchos Pedritos". Chavela Vargas tiene 75 años, se ha rehecho notoriamente de una larga historia de alcohol y dejadez y ahora ha regresado, después de 20 años de ausencia, a los escenarios españoles, de la mano del editor español Manuel Arroyo Stephens, que además le va a publicar un disco antológico de su obra.Arroyo y Almodóvar se han turnado presentando a Chavela en estos recitales que se prolongan al próximo fin de semana. El sábado le tocó al director de Laberinto de pasiones, que en alguno de sus filmes ha usado temas de Chavela Vargas. Su presentación fue una firme declaración de amor, que concluyó: "Esta mujer canta como le sale del coño".

Chavela, firme durante dos horas ante un público que le lloró sus canciones y le aplaudió entregado, no se quedó atrás en su elogio del manchego y le propuso matrimonio. "Qué tarde te conocí". Al cineasta no le extrañó la propuesta. "Chavela, tú haces milagros", le respondió desde su silla el cineasta. A su lado, entre otros muchos famosos de la vida social, cultural y financiera española, Bibi Andersen compartía con Almodóvar el privilegio de la primera fila y del aprecio de la cantante, que les lanzó besos, ironías y maldades de su estilo. De las ironías no se salvé ni ella: se llamó pedante ("me llaman Modesta Vargas") y pesada, amenazó con cantar hasta que se cansara el público porque cuando a uno le gusta algo "debe practicado toda la noche", y se vanaglorió, irónicamente, de vivir estos días en la Residencia de Estudiantes, rodeada de bioquímicos e ingenieros nucleares como si ella misma fuera especialista en física cuántica.

La única vez que se le vio distante fue al rechazar un vaso que le venía de la primera fila y que no contenía agua, que es lo único que desde hace tiempo bebe esta mujer que ha calculado que a lo largo de su vida bebió más de 40.000 litros de tequila. No es una fanática del agua, sin embargo, porque asegura que "si el agua estropea los caminos, ¿cómo pondrá los intestinos?". Su hígado, dice, fue famoso en México, pero ahora lo tiene en su sitio. Contó chistes, confesó que estudia antropología porque se está preparando para cuando sea momia y recordó su extrema pobreza: "Yo he vivido en un hotel de media estrella. La media estrella de David".

El público no se escapó de sus maldades. ¿Cómo le pedían tantas cosas viejas de su repertorio, si eso lo cantaba ella cuando hizo la primera comunión? Explicó quién fue la Macorina, una espléndida mezcla de chino y negra que hacía volver la cabeza a las mujeres y a los hombres que paseaban por el malecón habanero. Entre los que más suerte tuvieron en esta sesión de discos dedicados estuvo la directora general del Centro del Libro y de la Lectura, María Tena, que pidió Volver, volver y quedó satisfecha.

No cabía nadie. Muchas personas que quisieron ver a la insólita superviviente de la canción nostálgica tuvieron que irse. Entre los que pudieron entrar estaba un histórico de la televisión, Lalo Azcona, que describió gráficamente el gentío acumulado para ver a Chavela. Cuando terminó el enésimo bis y acabó el concierto, el periodista quiso salir antes de que "se marche la marabunta". Pero un ruido de rotura de botellas y de vasos por el suelo se sumó al tumulto de los pasillos atestados, y Azcona se tuvo que ir al ritmo de todo el mundo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 26 de abril de 1993