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'Lila y Flag' es una novela sobre el perdón, dice John Berger

El escritor británico cierra su trilogía dedicada a la destrucción de la naturaleza

Sobre la mesa hay un florero con narcisos amarillos, y detrás de las flores, un hombre que confiesa su incapacidad para expresar todo lo que le han enseñado los campesinos. Se llama John Berger y acaba de publicar Lila y Flag (Alfaguara), "una novela sobre la experiencia del perdón" la última parte de una trilogía que narra los avatares de una de las experiencias fundamentales de nuestro siglo: el paso de la sociedad rural a la urbana.

"Desde que vivo aquí, he aprendido de los campesinos mucho más de lo que puedo contar. Ahora, por ejemplo, soy capaz de afilar una guadaña", comenta John Berger, de 67 años, y añade que lo más importante que le han enseñado es la conciencia de la presencia de los muertos. Para alguien que concibe la escritura como una lucha contra el olvido, ver cada semana del año a muchos campesinos del lugar reunidos en el cementerio para despedir a alguno de los que acaban de marcharse fue una revelación: "Aquí coexisten dos ciudades en continua comunicación, la ciudad de los muertos y la ciudad de los vivos".A una hora de Ginebra y a cinco minutos de Meuissy -un pequeño pueblo de la Alta Saboya- vive desde hace 30 años este escritor nacido en Londres en 1926 que acaba de protagonizar la película Walk me home, dirigida por Tim Neat. Su casa es una más de las muchas desperdigadas por este valle, desde el que se descubren, en cuanto se levanta la mirada, las imponentes cimas nevadas de los Alpes. Junto al granero, en la parte superior de la casa, la imagen de un hombre salido de un cuadro de Goya. Abajo, a pocos metros de la puerta, un cuadro de Piero della Francesca que ha resistido impertérrito, una vez más, el frío del invierno. El día es soleado, y cuando se cruza el umbral de la casa huele a campo. Hay leña, unas botas embarradas, algunos gatos.

John Berger ganó hace años el Booker Prize con su novela G y luego se embarcó en una serie de reportajes que contaban las experiencias de los trabajadores emigrantes. "No tardé en descubrir que no podía entender lo que significaba para estos emigrantes aquello que habían dejado atrás". Y empezó a leer libros, relatos y novelas centrados en la vida del campo. Pero fue inútil. Le pasaron unas cuantas cosas más y el azar lo condujo a este lugar. Y se quedó a vivir hasta hoy.

Quince años tardó en escribir su trilogía. Puerca tierra y Una vez en Europa son libros de relatos y cuentan diferentes experiencias del mundo campesino. Son ficciones, pero en ellas no es difícil rastrear, como Berger confiesa, "algún rasgo del carácter de alguien que conocí aquí, parte de una historia que me contaron, lugares de esta zona". Lila y Flag, el volumen que cierra su ambicioso proyecto, es, en cambio, una novela. Una historia de amor. Las peripecias que viven algunos emigrantes en la ciudad, las cosas -trágicas- que le suceden a sus descendientes. "Creo que la novela es la forma idónea para representar la vida de una ciudad", explica John Berger, que confiesa que en este caso se ha inspirado, por ejemplo, en Tom Waits para concebir el temperamento del hermano de la protagonista.

"Lila y Flag es una novela sobre la experiencia del perdón", dice John Berger, "para descubrir la realidad y el significado oculto, el sentido de la naturaleza, es necesaria la experiencia del arrepentimiento". La Biblia, Homero y las obras de los trágicos' griegos lo alimentaron durante la escritura de la trilogía, y recuerda a Antígona como paradigma de la esperanza. "Lo importante en un escritor es el pacto. Saber dejar un espacio en blanco, un espacio sin contaminar para que pueda revelarse lo no escrito. Es el espacio del silencio. Y es ese silencio el que permite que la esperanza se haga tangible. La esperanza que sostiene a los personajes de la trilogía nace de su desesperación, nunca de sus certezas, y tiene mucho que ver con la fe. En el fondo, no hay ninguna contradicción entre la tragedia y la esperanza".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de abril de 1993