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La diplomacia intenta evitar la intervención en Bosnia

Los copresidentes de la conferencia de paz sobre la antigua Yugoslavia y el secretario general de la ONU tratan desesperadamente de lograr una solución negociada a la guerra en Bosnia, ante las serias advertencias de Washington y París, decididos a una intervención militar si Belgrado mantiene su apoyo militar a los serbios de Bosnia. El secretario general de la ONU, Butros Gali, que se ha mostrado reticente al uso de la fuerza, envió ayer un escrito al Consejo de Seguridad en el que solicita el envío de otros 10.000 cascos azules para vigilar las fronteras de la antigua república yugoslava.

El envío de nuevos cascos azules a las fronteras de Bosnia-Herzegovina pretende reforzar la supervisión del embargo contra Serbia y Montenegro, impuesto por la resolución 787 del Consejo de Seguridad. El texto de la resolución indica que se pueden desplegar observadores a lo largo de las fronteras para "poner fin a todo tipo de injerencias".Gali subrayó la complejidad de la operación, que debe controlar 123 puntos a lo largo de 1.100 kilómetros de frontera, para justificar un "nuevo despliegue de esta envergadura".

Poco antes, flanqueado por Cyrus Vance y David Owen, Gali mantuvo reuniones bilaterales con Franjo Tudjman, presidente de Croacia, Alia Izetbegovic, de Bosnia-Herzegovina, y Dobrica Cosic, de la actual Yugoslavia formada por Serbia y Montenegro, para evitar la expansión del conflicto a Kosovo y Macedonia y para confirmar que se mantienen las posiciones esbozadas el domingo pasado con una notable aproximación entre las tesis de musulmanes y croatas ante las exigencias serbias.

Para el presidente de Bosnia, Alia Izetbegovic, la clave está en que los serbios dirigidos por Radovan Karadzic acepten, el próximo sábado, un cese de hostilidades efectivo y la negociación en torno al Plan Vance.

El plan de paz de los copresidentes apunta directamente al centro del conflicto: la definición territorial de Bosnia-Herzegovina y la elaboración de "una constitución única para una situación única".

El proyecto se articula en torno a un Gobierno central completado con gobiernos regionales o provinciales que gozarían de una amplia autonomía pero sin la entidad de Estados y la descentralización en siete o diez provincias con una presidencia en el Gobierno central rotativa y un primer ministro elegido por la Cámara baja. Las diferencias entre las partes deben superarse antes de la cumbre del próximo sábado. Los croatas y musulmanes han acercado sus posiciones en cuanto a la delimitación y número de regiones o provincias autónomas. Pero el dilema se mantiene en cuanto a la posición de Radovan Karadzic, quien controla al 32% de la población de Bosnia-Herzegovina de origen serbio, y cuenta con el apoyo que sus milicias reciben del presidente de la República serbia, Slobodan Milosevic. En este sentido, Cosic, presidente de la actual Yugoslavia, declaró ayer que está decidido "a mantenerse en el puesto hasta que sea necesario", a pesar de la reelección de Milosevic. "Él no tiene nada que hacer en Ginebra, puesto que el presidente de Yugoslavia soy yo", añadió.

Sin embargo, el presidente electo de Serbia controla buena parte de los efectivos militares. Además, Moscú sigue oponiéndose a toda intervención militar en el conflicto de Bosnia, rompiendo la cohesión del Consejo de Seguridad.

Butros Gali, por su parte, ha decidido visitar a los cascos azules de la Unprofor desplegados en Bosnia. El próximo jueves, 31 de diciembre, tiene previsto llegar a Sarajevo para apoyar su labor humanitaria y su firme decisión de encontrar una solución negociada al conflicto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 29 de diciembre de 1992

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