El camarote de Groucho
Cuando Groucho Marx entra en el camarote 58 manifiesta su protesta al mozo que ha dejado su enorme baúl-armario en el centro-, por las reducidas dimensiones (cuatro metros cuadrados aproximadamente de superficie) y aspecto ínfimo del habitáculo; éste tiene una estrecha cama a la derecha de la escena, bajo un ojo de buey, y un teléfono mural; un estante con perchas en el fondo, con un tubo adosado verticalmente, y un lavabo con espejo y un estante en el rincón izquierdo.Al abrir Groucho el baúl-armario salen de él Chico, el tenor Veroni y Harpo. Seguidamente entran en el camarote dos camareras a hacer la cama, un plomero, una manicura, un ayudante de plomero, una mujer a telefonear, una mujer a barrer y tres camareros con grandes bandejas en alto con comida, sobre las que se arrastra Harpo. En total son 14 personas, que se expanden cuando la viuda rica abre la puerta hacia afuera.
Todos, incluido Groucho, tienen necesidad de entrar en el camarote. Es esta condición de genialidad de lo absurdo de los Marx la que determina su presencia en él. No es Groucho quien ha construido el reducido camarote del barco ni tampoco lo ha elegido para acomodarse; otros le han eximido de esta tarea; él lo ocupa, siendo arrollado por sus hermanos, Veroni y quienes llegan aprestar sus servicios y arreglar una supuesta avería.
Groucho no hubiera tenido problemas si no hubiese admitido a los visitantes; pero, como dice Alfonso Sanz Alduán en EL PAÍS del 31 de octubre, "a los Marx no se les ocurrió hacer pasadizos para llegar al propio camarote, excavar literas subterráneas ocupando las cubiertas inferiores o abrir nuevas puertas por las que colar a nuevos intrusos; pero en este camarote de Álvarez del Manzano las novedades de ese estilo no faltan".
Lo que no expone el señor Sanz Alduán en su artículo de EL PAÍS, La polémica de los pasos y aparcamientos subterráneos, es su solución para resolver los problemas planteados en el camarote de los Marx.-
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