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FERIA DE ALCALÁ

Gris final para un viejo coso

El viejo coso de Alcalá de Henares, que inauguró con brillantez nada menos que el extraordinario Frascuelo en 1879, no contará con un epílogo de semejante abolengo, pues cerró ayer definitivamente sus puertas con una corrida grisácea y cenizosa como su arena. Los goznes sellaron por última vez las herrumbrosas puertas, pronto víctimas de la piqueta, a no ser que se las traslade al nuevo coso que se quiere inaugurar en la feria de 1993.

Dos simpáticos abueletes, aficionados de toda sus largas vidas, hacían a la salida un repaso raudo a parte de la historia de la plaza y convenían, con desazón, que cualquier tiempo pasado fue mejor para la fiesta.

Después se marcharon a tomarse unos chatos de vino con que reconfortar sus aún enjutos cuerpos, heridos por el frío ventorro que sopló toda la sórdida tarde de despedida, y que también molestó a los coletudos. Mientras caminaban hombro con hombro, sirviéndose tan de mutuo apoyo como sus respectivas garrotas, seguían con sus historietas taurinas: ¿Recuerdas el faenón de Marcial? ¿Y tú aquellas verónicas celestiales de Ordóñez? ¿Y tú...?

Laguna / Domínguez, Rincón, Plaza

Cinco toros de La Laguna (uno fue rechazado en el reconocimiento) y lo de Antonio Pérez, bien presentados y mansos, excepto 3º, bravo. 1º, 5º y 6º, sospechosos de pitones.Roberto Domínguez: estocada corta y dos descabellos (ovación); media trasera desprendida (palmas). César Rincón: estocada tendida (ovación); estocada atravesada perdiendo la muleta (silencio). José María Plaza: pinchazo y estocada perpendicular (oreja); media desprendía (silencio). Plaza de Alcalá de Henares, 30 de agosto. Quinta y última de feria. Lleno.

Para nada hablaban de este plúmbeo festejo final de trayecto del coso, ya borrado de sus memorias escasos instantes después de acabar. Mayormente por culpa de unos bicornes que, con la gloriosa excepción del tercero, huían de los engaños y sus manejadores como si ambos fueran recuadadores de alcábalas. Y ya se sabe que dos no se pelean si uno no quiere. Baste añadir que la banda que amenizó a destajo todos los anteriores festejos feriales sólo musicó ayer una faena.

Esa faena fue la de un José María Plaza apoyado por los ecos calientes de sus muchísimos partidarios, que realizó una labor con altibajos al bravo tercero. En esta mezcolanza se citaron profundos naturales y redondos de aroma candeal con desajustes y enganchones. Rincón justificó las habichuelas porfiando inútilmente con su lote. Domínguez los mechó sin complicarse.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 31 de agosto de 1992