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Entrevista:Frank ZappaMúsico

"El rock es un gran fraude"

El mítico músico estrena en Francfort 'El tiburón amarillo', una pieza de cámara

El nombre de Frank Zappa evoca resonancias de la era underground. Hoy, a los 51 años, el músico calíforniano de ascendencia siciliana parece volver a sus orígenes de compositor clásico influido por el jazz. El próximo 17 de septiembre, Zappa dirigirá en Francfort el estreno mundial de su suite orquestal El tiburón amarillo, pero esta vez no será su mítica banda The Mothers of Invention quien le acompañe, sino el Ensemble Modern, un superconjunto de 20 solistas de cámara que suele trabajar con piezas de Ligeti, Boulez o Stockhausen. Entretanto, Frank Zappa, que lucha desde hace tiempo con un cáncer de próstata, asegura en esta entrevista que ya no grabará más discos de pop, ni realizará más giras de rock. Por lo demás, el músico mantiene intactas sus convicciones contestatarias.

El legendario bigote de Frank Zappa se ha vuelto gris y el músico confiesa que tiene "prisa", porque el cáncer de próstata por el que recibe tratamiento "no es un simple resfriado que se irá como llegó", dice. Pero el creador de The Mothers of Invention (las madres del invento) no ha perdido la virulencia que le convirtió en pilar de la contracultura. Por lo demás, la suite orquestal El tiburón amarillo que estrenará en FrancfÓrt toma su título de una tabla de surf tallada en forma de tiburón y contiene fragmentos con nombres como Tornado en el punto G, o Times Beach, en alusión a una playa contaminada por dioxina en 1983.Pregunta. A lo largo de su carrera, nunca se ha limitado a un género; los ha caricaturizado, diseccionado y destruido todos. Pese a ello, siempre ha dicho que hay una macroestructura en su obra. ¿Cómo es?

Respuesta. Como mi vida. Uno convierte su vida en su obra y el resultado es: mi obra soy yo.

P. Con El tiburón amarillo, parece dar la espalda a sus trabajos anteriores. ¿Se decantará por la música clásica?

R. Así parece. Tengo 51 años y no volveré a hacer nunca una gira de rock, del mismo modo que no pienso grabar nunca más un disco pop.

P. ¿Qué le ha dado de repente contra el rock and roll?

R. Durante un tiempo me gustó tocar la guitarra acompañado por un grupo con una sección rítmica. Pero eso fue hace tiempo y la última vez me costó 100.000 dólares.

P. ¿Acaso no había nadie que quisiera verle tocar?

R. No, fue porque algunos miembros del grupo no querían al bajista, se negaron a salir a escena con él. Así que, pese a que la mayor parte de las entradas estaban vendidas, mis músicos no querían tocar, porque no les gustaba el bajista.

P. Eso no parece muy profesional.

R. Y no lo es. Habíamos estado ensayando durante tres meses; ¿quién encuentra un sustituto después de un maratón semejante? Es imposible. De modo que tuvimos que cancelar la gira. Al final, todo el mundo cobró, menos yo, porque yo era el jefe y ellos mis empleados. La consecuencia de todo eso para mí es: no más giras de rock and roll.

P. Parece que usted odia la música rock en general. ¿Es cierto que cuando sube a un coche, apaga la radio de inmediato?

R. Nunca me ha gustado mucho escuchar la radio o poner discos. Las estructuras son tan simples que, ¿para qué?

P. ¿Le molesta la simplicidad?

R. No, lo que me molesta son las razones de esa simplicidad. Me gusta la música folk, que es muy simple. Pero casi todo lo que se hace hoy no tiene ni la inteligencia de la sencillez. No es música; es un producto. Es como papel pintado, pensado para combinar con el estilo de vida del consumidor.

P. ¿Cuál fue el último disco pop que compró?

R. Their Satanic Majesties Request, de los Rolling Stones, de 1967.

P. Antes de su carrera como músico pop, se inició usted con la música clásica. Admiraba a Schönberg y a Varèse, estudió composición y escribió música dodecafónica. ¿Por qué no hizo su carrera como músico clásico?

R. Eso, en EE UU, hay que olvidarlo. Uno no puede ganarse la vida así, excepto como profesor, ensefiándole a otras gentes algo con lo que no podrán ganarse la vida, a menos que hagan música para telefilmes o anuncios.

P. Los músicos de orquestas como la Filarmónica de Nueva York, la Filarmónica de Los Ángeles y unas cuantas más se ganan muy bien la vida.

R. Los conciertos en Estados Unidos funcionan como los museos: las orquestas eligen las piezas más fáciles de tocar, que cuestan menos de ensayar y que el público conoce mejor.

P. Usted fue uno de los artífices de la llamada cultura freak (monstruosa). ¿Qué era eso?

R. Un pequeño grupo de personas que decidimos romper tantas reglas sociales, musicales y estéticas como fuese posible.

P. ¿Cómo es que usted y los Mothers of Invention tenían una imagen tan fea e inconformista?

R. No fue difícil, con la pinta que hacíamos. Ni siquiera teníamos que disfrazarnos. La pelliza de piel artificial que llevo en la cubierta de nuestro primer álbum, Freak Out, era mi abrigo: lo llevaba las 24 horas.

P. Ustedes parodiaban canciones conocidas y hacían collages sonoros poco usuales...

R. ...y por eso nos expulsaban de todos los clubes donde tocábamos. Organizábamos conciertos-happening en los que, por ejemplo, una jirafa eyaculaba nata sobre el público, o hacíamos que unos marines masacrasen muñecos de trapo mientras tocábamos el himno americano.

P. ¿Lo suyo era sólo un poco de circo dadaísta o, como muchos otros, quería cambiar la sociedad?

R. Simplemente, no queríamos tragamos toda esa mierda.

P. Su tercer álbum se titulaba We're in it only for the money (Sólo lo hacemos por dinero). ¿Una declaración de principios?

P. Quería ser una parodia de los Beatles. Nosotros éramos demasiado feos para hacerlo sólo por dinero.

R. Resulta difícil imaginar que alguien pudiera tener éxito hoy con una actitud como ésa. ¿Qué ha cambiado?

R. El rock and roll se ha convertido en un gran negocio. Ya no está sujeto a la música o a la estética; sólo tiene que cuadrar con la identidad corporativa de las compañías de discos. El rock es un gran fraude.

P. ¿Qué ha sido de la contracultura americana?

R. Aparte de los montajes comerciales, no queda nada.

Copyright Der Spiegel, 1992.

"Odio todas las corrientes políticas"

Hace un año Frank Zappa decía que quería presentarse a las elecciones norteamericanas. Todo indica que ha desistido... "Tengo cáncer de próstata", dice escéptico, "mi estado de salud me descalirica para el cargo.P. Ahora podrá elegir entre Bush y Clinton.R. Tendrían que convertir Washington en un parque de atracciones; ahí están los peores payasos que el dinero puede comprar. Desde luego, yo preferiría votar, elegir un buen presidente y decirme: lo hará bien. Pero vistas las alternativas...P. ¿Por ejemplo, el candidato demócrata, Bill Clinton?R. Ése es plaaano. Y su candidato a la vicepresidencia, Al Gore, es más plano que plano. Puro plástico. Aun así, tiene mejor imagen que Dan Quayle, pero también la tiene mi zapato marrón.P. Al hablar de América, suena usted como un amante despechado.R. Las condiciones, en Estados Unidos, son semejantes a las de la antigua URSS. El Partido Republicano es tan corrupto como lo era allí el Partido Comunista. Se basa en los mismos principios que la Nomenklatura.P. ¿Existe alguna solución?R. Tal vez un mejor sistema educativo. Los libros de texto norteamericanos son el resultado de 14 años de política educativa de derechas. Su contenido se basa en convicciones religiosas.P. ¿Hay alguna corriente política en la que confíe?R. Las odio todas. Republicanos y demócratas. Valoro a las personas como individuos, buenos y malos, según.P. En los días de The Mothers of Invention, quería usted una nación que no tuviera gobierno. Dijo usted que harían falta 500 años para que la gente estuviese madura para eso.R. Ponga que 500.000 años.P. ¿Tiene la sensación de que su enfermedad le obliga a darse prisa con su trabajo?R. Sí. Esto no es un resfriado que se va como llegó.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 30 de agosto de 1992

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