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CARTAS AL DIRECTOR

Incidente en la frontera

Quisiera informarle sobre un incidente que me pasó recientemente.El pasado mes de mayo pasé en mi coche, con matrícula del Principado de Llechtenstein, la frontera de la autopista de La Jonquera para entrar a España. Viajé solo, sin compañía.

Desde la cabina aduanera española me preguntó un funcionario de la Guardia Civil si tenía algo que declarar. Contesté que no. Después, el mismo funcionario me pidió aparcar el coche a la izquierda de mi calzada. Mientras yo estuve esperando allí, controlaron a un señor mayor con pelo gris y matrícula francesa. Al cabo de aproximadamente un cuarto de hora el mismo funcionario empezó a controlar minuciosamente mi coche. Me rogó que llevase mi equipaje a un despacho. Allí, el funcionario controló también minuciosamente cada objeto de mi equipaje, hasta la ropa interior y todos los medicamentos, etcétera. También estudió, con la misma paciencia, un libro en alemán que llevaba conmigo. Controló cada billete de mi cartera, así como las tarjetas de crédito y los demás papeles. El funcionario estuvo muy contento cuando pudo identificar los billetes y decir de qué país procedían.

Luego, el mismo funcionario de la Guardia Civil me llevó a otro despacho, donde me pidió desnudarme. Yo me negué y quise hablar inmediatamente con su jefe. Me contestó que él mismo era el jefe y reclamó sumisión a sus órdenes.

Debido a mi poco conocimiento del español, un aduanero que estaba fuera de servicio y que dominaba el inglés me asistió de intérprete. Al parecer, aquel aduanero quiso hacer reproches al funcionario de la Guardia Civil por su comportamiento. Sin embargó, este último le explicó que yo me había negado a su control.

Desde hace más de 20 años mantengo relaciones comerciales con España y hasta ahora siempre me ha gustado pasar las vacaciones aquí. Normalmente viajo en avioneta privada.

Con vista a la apertura de los Juegos Olímpicos de Barcelona, sería quizá oportuno enseñarle a este funcionario de la Guardia Civil que no trate a las personas mayores con tanta indignidad cuando visiten su país como turistas.

Después de casi una hora, el funcionario se despidió con las siguientes palabras: "Vuelva usted pronto y le controlaré de manera igual que hoy".

No me extraña que el funcionario se negara a decirme su nombre.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 19 de junio de 1992