La torre de Pisa, atada con cables
Un equipo de alpinistas colocó ayer dos cables de acero, de un par de centímetros de diámetro, en derredor del primer piso de la torre de Pisa, como comienzo de los trabajos para salvar el famoso monumento inclinado, de ocho siglos de antigüedad.
Según los expertos, esta primera fase -que terminará en junio- trata de impedir el derrumbamiento de las casi 15.000 toneladas del edificio, para que no corra la suerte de la torre de Pavía, que se vino abajo hace dos años.
La segunda pase de la operación consistirá en colocar un contrapeso de 700 toneladas de lingotes de plomo en el lado norte, para contener la inclinación hacia el sur. Ambas iniciativas han sido calificadas de "provisionales" por la comisión de expertos.
La intervención definitiva para salvar la torre depende de una serie de experimentos para controlar los movimientos telúricos, que se desarrollará durante los próximos 30 meses.


























































