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Los secretos de los comunistas

La apertura de los archivos soviéticos está provocando escándalos internacionales

Pilar Bonet

Las autoridades rusas consideran la posibilidad de restringir el acceso a los archivos que fueron incautados tras el golpe de Estado del pasado agosto, a la vista de los escándalos internacionales provocados por los documentos del Comité Central del Partido Comunista de la URSS. Así lo manifestó a esta corresponsal Rudolf Pijóia, presidente del Comité de Archivos de la Federación Rusa, según el cual "la intensa reacción suscitada por la apertura de los archivos -que se produce hoy- puede obligarnos a regirnos por la regla estricta de los 30 años".

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Pijóia se refería especialmente al caso del líder laborista británico, Neil Kinnock, cuyos contactos con la Embajada soviética en Londres a finales de los setenta y en los ochenta fueron aireados por el periodista británico Tim Sebastian. Como otros muchos investigadores, Sebastian ha aprovechado el acceso a los documentos de la sección internacional del PCUS, donde se guardaban copias de la correspondencia mantenida entre la Embajada soviética en Londres y el Ministerio de Exteriores de la URSS.Muchos son los historiadores que actualmente realizan investigaciones en los archivos heredados por la Federación Rusa. Entre los documentos accesibles están los archivos del Komintern (1919-1956), que permiten seguir la evolución de varios partidos comunistas, como los de España o Italia.

La mayoría de los investigadores que trabajan actualmente en los archivos son extranjeros, asegura Pijóia, quien reconoce no tener pleno control de las transacciones comerciales efectuadas entre archiveros e investigadores. "Tenemos un problema muy serio. En nuestro paísno hay ley de archivos y no hay ley de secretos oficiales. Una comisión está preparando actualmente estos textos y esperamos que el Parlamento los apruebe en breve".

Recientemente, la empresa británica Chadwyck-Healy ha comprado la primera partida de documentos secretos de los archivos del PCUS. Entre los materiales que va a editar en microfilme está la correspondencia personaI, informes policiales y detalles biográficos de nueve dirigentes, entre ellos León Trotski, Andréi Zhdánov Viacheslav Mólotov. Los británicos han conseguido adelantarse así a la Biblioteca del Congreso norteamericano, cuyo director, James H. Billington, calificó los archivos soviéticos como "una mina de oro para los historiadores".

La falta de una ley sobre los secretos de Estado y la conciencia del valor comercial de los documentos contenidos en los archivos comunistas han generado la arbitrariedad en el suministro y uso de los mismos. "Se necesita una ley, y mientras ésta no exista, habrá arbitrariedad", señala Pijóia, para quien el Parlamento soviético está hoy tan concentrado en las leyes económicas que se olvida de legislar en otros sectores fundamentales en cualquier Estado desarrollado".

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Pijóia teme que las revelaciones que comienzan a surgir de los archivos sean sólo el principio de una serie. "Hay que pensar que ha habido centenares de personas trabajando en los archivos, y creo que en los próximos tiempos podremos ver publicadas cosas nuevas cada día. Es obvio que esta información va a influir en la política interna de otros países".

Los secretos del KGB

Los archivos del Comité de Seguridad del Estado de la URSS (KGB), la pieza más preciada de la herencia documental rusa del siglo XX, pasarán a disposición del Estado ruso en agosto de 1992. Para entonces, es muy posible que los archivos hayan sido expurgados de materiales incómodos, y también que una parte de los fondos haya sido comercializada. Pijóia confirma la existencia de una investigación interna sobre la eventual venta de documentos del KGB a la prensa alemana.Además de los archivos del PCUS, que tienen entre 7 y 10 millones de documentos, y de los del KGB, están también los archivos del presidente de la URSS, con un gran volumen de información, señala Pijóia. Los archivos presidenciales, donde se guardan los documentos relativos al Politburó del PCUS, han sido traspasados al presidente de Rusia y están cerrados todavía a los investigadores. Una parte del equipo a cargo de estos fondos ha sido sustituida. Pijóia afirma que estos archivos deben convertirse en un instrumento de trabajo de la Administración rusa, previa selección de los documentos históricos.

El presidente del Comité de Archivos reconoce que en ocasiones tiene que "consultar" para decidir si se facilita el acceso a determinados materiales. Medios informados señalaron a esta corresponsal que Guennadi Búrbulis, el primer viceministro del Gobierno, es quien, en última instancia, da luz verde para difundir o no los documentos delicados.

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Sobre la firma

Pilar Bonet
Es periodista y analista. Durante 34 años fue corresponsal de EL PAÍS en la URSS, Rusia y espacio postsoviético.

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