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Rafael Moneo finaliza las obras del Museo Thyssen

La apertura al público puede retrasarse hasta el próximo mes de octubre

El arquitecto Rafael Moneo está a punto de finalizar su trabajo de convertir el antiguo Palacio de Villahermosa en el moderno Museo Thyssen. Ayer descubrió, ante un grupo de periodistas, las interioridades del edificio que, según Moneo, estará terminado a finales del mes próximo, y definió su trabajo arquitectónico como "sutil y sin estridencias". "Es un museo diseñado", dice, "para no crear ansiedad en el público, y para que no se canse ni se aburra". A partir del mes de abril está previsto que comience a instalarse la colección Thyssen en el edificio pero, según fuentes de la Fundación Thyssen Bornemisza, es "probable" que la apertura del museo se retrase al mes de octubre, en lugar del anunciado mes de julio.La decisión de inaugurar el museo en julio o en octubre no está vinculada al trabajo de Moneo, sino a la voluntad de los barones Thyssen. Rafael Moneo se muestra como un niño con zapatos nuevos, satisfecho con su obra en el Palacio de Villahermosa. Él dice que ha "cumplido" con el objetivo de "hacer un museo del tamaño adecuado a la altura del hombre".

Así, Moneo vació por dentro el antiguo palacio para, respetando la fachada original, diseñar techos de 4,5 metros de altura y construir tres plantas, más otras dos de sótanos. Cuatro de ellas serán dedicadas a exposiciones y de un solar de 18.000 metros cuadrados ha creado la muy respetable cifra de 51 salas que, fundamentalmente, estarán dedicadas a mostrar los cerca de 800 cuadros de la colección Thyssen, así como exposiciones itinerantes. "Mi mejor habilidad", dice, "ha sido no hacerme ver mucho. Será un museo amable, para no cansarse".

Todas las salas tienen el mismo color, siena claro. El suelo es de mármol travertino. Aunque el arquitecto prefiere no hablar del tema, han sido precisamente estos dos aspectos de la decoración donde los barones Thyssen, Tita y Heinrich, estuvieron en desacuerdo con Moneo. Tita quería un siena de color oscuro, similar al de su casa de Lugano, mientras que el arquitecto lo quería más claro, como finalmente ha quedado. En cambio, los suelos del museo han quedado con mármol, y no con madera como proponía Moneo. "Mi relación con los barones ha sido de cordialidad", afirma el arquitecto "y hemos buscado el consenso".

El coste de las obras ha duplicado el presupuesto inicial: 4.000 millones de pesetas, en lugar de 2.000 millones. La Fundación Thyssen-Bornemisza reconoce el dato como cierto, pero afirma: "El presupuesto de 2.000 millones de pesetas que se hizo en 1988 no era para el proyecto que luego ha edificado Rafael Moneo. Este ha cumplido con su proyecto íntegramente y, en cuanto a que la Fundación se haya gastado más o menos dinero, es un tema interno nuestro que no supondrá más gasto al Estado Español. El convenio firmado nos daba 9.000 millones de pesetas en total, y si nos hemos gastado 4.000, pues quiere decir que quedarán 5.000 millones".

En cuanto al precio de la entrada al museo, la Fundación Thyssen no quiere "de momento" dar la cifra. "Pero está claro que no será gratuito", afirman.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 7 de febrero de 1992