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Con permiso del médico y el juez

A Elena B. L., de 30 años, el consejo genético le ha llevado a la determinación de no desear tener más hijos. Elena tiene antecedentes familiares y ella misma es portadora de un gen defectuoso que provoca ceguera.

"Ya he sufrido la experiencia de la ceguera en dos de mis hermanos y en mi único hijo", confiesa. "Así que decidí hacerme una ligadura de trompas. Sin embargo, mi decisión personal no fue suficiente y he necesitado un informe de los especialistas del servicio de genética del Ramón y Cajal para poder hacerme esa operación".

Más dura ha sido todavía la experiencia para Esmeralda B. S., funcionaria de 48 años y madre de una adolescente afectada de síndrome de Down o mongolismo: "Yo quería hacer una ligadura de trompas a mi hija, pero, al tratarse de una incapacitada, esta decisión corresponde al juez, según la legislación española. Déspués de seguir un proceso legal para conseguir la incapacitación de mi hija y de tener todos los informes médicos pertinentes, ni siquiera pude iniciar la tramitación para la autorización de la operación, porque se necesitaba la firma de mi marido, cuando yo estoy separada desde hace 12 años y desde entonces no sabemos nada de él".

"Lo más sarcástico", comenta Esmeralda, "es que el ginecólogo del seguro médico que yo tengo se ofrecía a hacer la ligadura sin la autorización del juez, previo pago de 250.000 pesetas".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de febrero de 1992